jueves, 12 de febrero de 2015

Animar a leer, animar a escribir (III)


Cómo leer:

Desde que el niño lee con las boca y las manos, hasta que lo hace por los ojos, descifrando las letras y las palabras con habilidad progresiva, el animador puede tener en cuenta algunas cuestiones que afectan al modo de lectura que él realice o que el niño vaya aprendiendo.

  • Leer y contar. Todos sabemos leer, no todos sabemos contar. Pero la lectura, igual que la narración oral, se prepara.
  • Dirigir la atención, no sólo a la historia (los acontecimientos), sino a la manera en que se cuenta y a los elementos que la hacen “especial”: elementos del relato (el narrador, los personajes, el tiempo, el espacio, la estructura), lenguaje, tipografía, ilustraciones... Ampliar la visión del lector hacia todos los elementos que conforman una historia, incluido el recipiente.
  • Lectura silenciosa y lectura en voz alta. Necesidad de silencio y conveniencia del juego. No pueden ser simultáneos, sí deben ser complementarios.

Durante el proceso de aprendizaje lector, hay, a mi juicio, un momento de “crisis” que afecta al niño, al adulto y al libro: cuando el niño empieza a leer por su cuenta. 
Entonces, se producen dos situaciones delicadas:
  • Los padres dejan de leer. Dejan de leerle al niño y dejan de leer libros infantiles, en el mejor de los casos, o dejan de leer sin más, en los casos más lamentables.
  • Desajustes entre el tema del libro y el nivel lector. La sencillez textual y argumental de una historia fecomendada para 5-6 años choca con el desarrollo del niño actual, condicionado y "acelerado" por el exceso de información, la prisa, la presencia de medios y factores extrainfantiles que dirigen su atención hacia argumentos, técnicas y maneras lectores indicados para más edad.

Tres ejemplos de todo esto:
  • El libro Lobo, de Olivier Douzzou. El lobo nos cuenta su propia construcción (me pongo mis ojos, me pongo mis dientes, me pongo mi servilleta...), hasta la sorpresa final. Las ilustraciones evidencian esa construcción sobre la página en blanco, y el libro mismo, el objeto libro, resume la historia ya desde la cubierta.
  • Los cuentos de retahilas o los acumulativos, permiten la participación, para completar la historia nombrando los seres o los objetos que se repiten, pero eso no puede obstaculizar el avance de la historia.
  • Las aventuras de Sapo y Sepo, de Alnold Lobel, me parecen ideales para practicar la lectura independiente; sin embargo, en la actualidad, las historias de los dos amigos resultan demasiado infantiles paa lectores de 5-6 años, y esos libros han quedado para ser leídos por el adulto a niños menores de esas edades.


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