lunes, 27 de febrero de 2017

Imbéciles


El imbécil que arranca quemando neumático. El imbécil del intermitente: el que no lo da y el que lo da cuando ya está haciendo la maniobra y hace imbéciles al resto. El imbécil del aparcamiento: que aparca en doble fila tapando un sitio libre, que aparca en medio del enorme sitio libre, donde cabrían dos coches, que aparca en las esquinas (suele ser el imbécil del furgón), que aparca entre dos plazas perfectamente delimitadas (imbécil en batería). El imbécil sobre la marcha: en ciudad, circula entre dos carriles, “regatea” a los demás para adelantar unos metros antes tener que detenerse en el semáforo, asoma demasiado el morro en un cruce, porque siempre mira al otro lado, no pone las luces hasta que es noche cerrada sin farolas; en carretera, se pega a nuestro culo vayamos a la velocidad que vayamos, se abona al carril izquierdo, vaya a la velocidad que vaya, circula por el arcén cuando hay retención, adelanta cuando hay caravana, nos adelanta para, inmediatamente después, circular a nuestra misma velocidad, acelera cuando va a ser o está siendo adelantado (pariente del anterior), frena en todas las curvas (imbécil de secano o de regadío, según climatología). El imbécil sensorial: del claxon, pde las luces, del volumen de la música, del semáforo. Y el imbécil peatonal: del paso de cebra, del charco, de las aceras... Imbécil invasor agresor. Quedan excluidos de esta tipología imbécil los taxistas, repartidores y motoristas, porque el oficio, en unos, y el vehículo, en otros, facilitan enormemente la caída en la imbecilidad, salvo honrosas excepciones, ojo, y merecerían un estudio exclusivo. Por lo demás, todos los conductores somos susceptibles de imbecilidad. Y el carácter inclusivo del masculino lo dejo a criterio de las personas lectoras.