Un libro le pedía ser quemado desde su condición de estorbo sentimental, y desgajó de su reino la palabra muerta Poeta en Nueva York para llevarlo al holocausto. Última gracia, abrió el libro por una página que había conservado durante años la distancia con las otras páginas, memoria de una predilección. “Luna y panorama de los insectos”. Al pie de la hoguera los versos le golpearon como el grito de un inocente.Pero la noche es interminable cuando se apoya en los enfermos
y hay barcos que buscan ser mirados para poder hundirse tranquilos
Volvió sobre sus pasos y depositó el libro donde había estado desde que decidió convertir su biblioteca en una galería de condenados a muerte.
Volvió sobre sus pasos y depositó el libro donde había estado desde que decidió convertir su biblioteca en una galería de condenados a muerte.
Manuel Vázquez Montalbán: La rosa de Alejandría.

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