miércoles, 4 de septiembre de 2019

¿Nuevo curso viejo?


Ha comenzado un nuevo curso en Parla, uno de esos largos cursos, de cuatro años, que empieza y acaba ante las urnas. Este, que contiene algunas novedades inéditas, reedita otras de oscuros recuerdos. El PSOE, con nuevos nombres pero mismos apellidos, ha vuelto al gobierno y lo hace en coalición, como solía hacer, sin tener necesidad de ello, al menos a priori. La diferencia está en que antes su aliado era IU, la vieja y siempre dispuesta IU, y ahora es Unidas Podemos IU Otra Parla Es Posible, grupo integrado por IU, la nueva y depurada, y Podemos, que aún intenta lamerse la herida de la espalda, infligida por Íñigo Errejón con el puñal de Más Madrid; veremos hasta qué punto se hace valer en el pacto de gobierno. Hay otras dos formaciones nuevas: Ciudadanos, que presenta la incógnita de cómo puede condicionar la marca a su política local, y Vox, nutrido en parte con migrados del PP, que no deja lugar a dudas sobre esto (ya escuchamos a su portavoz el día de la investidura decir que, por un lado, su prioridad es plantar una gran bandera de España en las entradas del municipio, y, por otro, que no defienden cosas “antiguas”, sino “eternas”; así, sin rubor ninguno). Y luego está MOVER que, con dos concejales, optó por no obstaculizar la investidura, pero mantiene un enconado desencuentro con el PSOE —recíproco, bien es cierto—, lo cual ha imposibilitado la formación de un bloque progresista mayoritario y ya veremos si también acuerdos útiles y necesarios para el municipio, como unos nuevos presupuestos. Ah, y está el PP, que ha visto reconocida su inoperancia nada menos que con cinco concejales. Así las cosas, no puedo evitar el temor a revivir circunstancias pasadas, como incremento de la deuda, decisiones unilaterales, desprecio por un ayuntamiento eficiente y eficaz, enchufismo, apoltronamiento... Pero me empeño en pensar, llamadme ingenuo, que esta vez sí.


miércoles, 24 de julio de 2019

Por aburrimiento



Y al fin llegó el día. El día del fin del mundo. Al menos para Dani, que a sus ocho años vio cómo el universo dejaba de expandirse, se detenía un instante –un instante cósmico, bien es cierto– y comenzaba a retraerse, primero lentamente, a velocidad supersónicolumínica después, con intención, sin duda, de volver al principio, a la explosión primigenia, y a la nada absoluta... Terror de ocho años sin paliativos. 
Y todo por un castigo, maldita sea. 
“Te has quedado sin consola, sin tablet e incluso sin tele, hasta mañana. A ver si así aprendes”, había sentenciado su madre. 
Y enseguida el desierto en derredor, la muerte amenazante, el vértigo incontrolable del tiempo vacío, tiempo muerto, tiempo antitiempo, sin máquinas, sin imágenes ni sonidos, sin botones ni pantallas ni navegación ni estímulos. Hasta mañana. 
El terrorífico abismo del aburrimiento se abrió ante él y su insondable profundidad se hundía hasta mañana. Entonces, tirado sobre las baldosas de su habitación, llorando y maldiciendo con maldiciones y lágrimas de ocho años, las fauces del aburrimiento lo engulleron de un único y certero bocado, lo tragaron sin masticar y Dani se vio flotando en su estómago, que de pronto era el mar pero también el espacio, donde nadaba y navegaba sin límites, de galaxia en galaxia, como cometa ahora, o como sol ahora, ahora como misil hipermegasuperdestructivo, hacia el confín y el origen, y la explosión total...
Hasta mañana... Hasta un mañana inexistente, porque el universo ya no existiría mañana. Él, Dani, ya no estaría, no sería. Nada. Vacío. Enorme interrogación. Y la necesidad de dibujarlo todo y escribirlo y jugarlo, fabricarlo, incluso, con su juego de piezas, sus canicas y sus figuras. 
Y el fin del mundo llegó a su fin...; quiero decir, llegó por fin, para empezar de nuevo, porque el aburrimiento lo hizo posible. Al menos para Dani.


miércoles, 19 de junio de 2019

Carta de investidura


Queridos Reyes Magos (léase: nueva Corporación municipal del Ayuntamiento de Parla): cuando leáis esta carta ya tendremos nuevo gobierno en la ciudad y parte de lo que digo puede causaros risa; pero en fin, como estos últimos cuatro años he sido bueno (léase: no he sido demasiado malo), me atrevo a pediros algunas cosas que me gustaría tener y disfrutar cuanto antes. 
La primera es que el contenido de esta carta no os cause risa. 
La segunda es que el nuevo gobierno sea estable (léase: de coalición), progresista y social, que inmediatamente se ponga manos a la obra, hablando, presionando e incluso exigiendo a las otras administraciones un plan de urgencia para Parla, y trabajando para la integración y contra la exclusión. 
En este sentido, también os pido un nuevo gobierno que aplique sin paliativos las mociones que se aprueben en el Pleno municipal; es más, pido un gobierno que gobierne más desde el Pleno municipal (y de paso, lo haga más ameno, breve y eficaz) que desde la Junta de Gobierno, que pierde un alto porcentaje de la representatividad y la proporcionalidad expresadas en las urnas, desde que es nombrada por el alcalde. 
Y pido un número razonable de asesores que lo sean realmente y ejerzan como tales, lo que supondría una prueba evidente de dignificación y saneamiento políticos
Y, por último, me atrevo a pedir (esto, por la parte que me toca como empleado público) que el nuevo concejal de cultura, o concejala, lo sea por elección y querencia, no por imposición o eliminación, como históricamente ha ocurrido. 
Son muchas cosas, sí, pero dando vuelta al dicho, contra el vicio de no dar, la virtud de pedir. 
Gracias de antemano (léase: salud y acierto).


domingo, 19 de mayo de 2019

Sabe Caperucita


En el III Encuentro Internacional de Literatura Infantil y Juvenil de Riobamba, Ecuador, intervine con una ponencia sobre acercamiento a la lectura de LIJ. En el transcurso de mi intervención llegó un momento en que cité, inevitablemente, el cuento Lobo, de Olivier Douzou, y decidí que tenía que contarlo como se lo cuento a los niños cuando surge la ocasión. La reacción de los asistentes (profesores, escritores, mediadores y estudiantes universitarios) tras escuchar-ver el cuento (ya sabéis, el lobo se va construyendo —“me pongo mi nariz...”, “me pongo mi ojo...”— porque va a comer...), fueron risas, cómo no, y posteriores comentarios de reconocimiento. 
Con dos de los ponentes invitados, profesores y también escritores, Elia Saneleuterio Temporal y Juan de Dios Villanueva, intercambiamos algunas de ideas y recuerdos que el cuento de Caperucita Roja había suscitado a partir de mi intervención. Esa misma tarde, en una velada muy curiosa en la Fundación Casa Cultural Somos Arte, con recital poético incluido, Elia leyó el borrador de un poema que había escrito a partir de mi recreación del cuento de Douzou. Quedamos en que me lo mandaría cuando lo terminase. 
Y aquí está. 
Con su permiso, lo comparto.

Sabe Caperucita
                        A Carlos Lapeña y Juan de Dios Villanueva

Déjame que te cuente un cuento, 
niña.
El lobo no tiene las orejas grandes
ni se le ven los dientes cuando sonríe. 
Y créeme. Te sonreirá muchas veces.
No es cierto que tenga una gran nariz,
pero sí un asombroso olfato.
Sabe que es capaz de oler tu sangre
antes de que sangre.
Tampoco verás nunca sus garras,
no antes de sentirlas
ya hendidas en tu cuerpo.

¿Acaso es inevitable que acabe siempre
el lobo con la panza llena?
No más.
Escucha, niña, lección de vida: son sus ojos.
Por sus ojos los conoceréis.
Por sus ojos que devoran
—sabes que nada podrían sus ojos
si no los siguieras mirando—.
Y si no lo sabes: sábelo, Caperucita.

Porque no llamaste a la puerta, 
que estaba abierta.
Y entraste en la boca del lobo
antes incluso de sentir como fuego
su aliento.

Y se hizo de noche.
Casi completamente de noche,
aunque hacía horas que la luna
intentaba torpe
colarse entre las rendijas del tejado.

Cuando te fuiste cerraste la puerta.
Y lobo quedó dentro. Abrigado entre las sábanas 
de la abuela.
Y no supiste entonces qué quedó pensando,
aunque habías tocado uno a uno todos sus dientes.
Y habías comprobado que eran afilados.

No se hizo verdaderamente de noche
hasta mucho después.
Exactamente mientras concluía la fábula.
Cuando volvió la luz
ya había escrito el último verso.

¿A qué sabe Caperucita?

Sabe lobo que saliste viva
de su gruta.
Sabe, Lobo.
Caperucita sabe guardarse
de la boca del lobo.

Riobamba, 25 de abril de 2019

Elia S. Temporal

jueves, 16 de mayo de 2019

Crónica de un viaje


En abril estuve en Ecuador. Fui invitado a participar en el III Encuentro Internacional de Literatura Infantil y Juvenil de Riobamba, una hermosa ciudad al sur de Quito. Participé con una ponencia sobre lectura de libros infantiles, un acercamiento a esa literatura, y dos talleres de escritura creativa con jóvenes de quince y dieciséis años. No sé si podéis imaginar lo que se siente al hablar entre especialistas y estudiantes de un tema que os interesa profundamente y sobre el cual lleváis pensando y trabajando muchos años; ni lo que se siente al comprobar la aceptación que diversas estrategias de escritura —siempre gracias mil, Rodari— tienen entre el alumnado adolescente de un país lejano, literalmente, y los resultados admirables, por originales, ocurrentes, técnicos o imprevistos. 

Es algo impagable, inolvidable y de valor incalculable, al menos para quien esto firma, que ha dejado en mi memoria una huella profunda y algunas conclusiones que deseo compartir. 
Es conveniente (y necesario) que los adultos implicados escuchemos cuentos infantiles de vez en cuando; es necesario (y conveniente) que los jóvenes, en algún momento, puedan expresarse en libertad (subrayo, en libertad) dentro del encorsetado ámbito académico en que viven; es conveniente conocer cómo se entienden, trabajan y desarrollan la lectura y la literatura infantil en lugares diferentes al nuestro; es necesario conocer a otras personas con quienes se comparte una afición, quizá un trabajo, y con las cuales se pueden intercambiar experiencias y perspectivas, y es conveniente y necesario dedicarle tiempo, espacio y esfuerzo suficientes a la lectura y a la literatura infantil, la única literatura que, como bien dijo el profesor y escritor Xavier Frías, cambia con el lector, acompañándolo en su viaje hacia la edad adulta.


viernes, 3 de mayo de 2019

Libros que me gustan



Luis Fernando de Julián: El estómago de la ballena. ASSITEJ, 2018.

Esta obra de teatro juvenil nos muestra a tres personajes, tres mujeres, tres generaciones, Abuela Carmen, madre y Lucía-hija-nieta, que se buscan y encuentran.
Madre y Lucía van a visitar a la Abuela Carmen, que vive en una playa, inaccesible para el resto de las personas, porque no hay camino que lleve a ella. La playa resulta ser una isla flotante hecha de plásticos, cantidades ingentes de plásticos que, como un Sísifo moderno, las mujeres se dedican a recoger una y otra vez. Además, la abuela espera con paciencia infinita la aparición de una ballena, o mejor, de la ballena, que tiene el estómago lleno también de plástico que es necesario sacarle, para que no muera.
La abuela cuenta la espera a la nieta. La nieta atiende a la espera con la abuela. La madre no está para esas fantasías y centra su atención en el traslado de la abuela a una residencia... Así, en una atmósfera onírica, donde se superponen la preocupación medioambiental y la duda de la memoria, donde no deja de oírse el sonido del mar y en ocasiones el canto de las ballenas, donde no sabemos con certeza lo que es imaginado y real, las tres mujeres alcanzan un momento común de encuentro.
Es una obra hermosa y poética, que juega con la postergación como herramienta para la tensión, y ofrece varios planos de lectura que nos pone en contacto con la sociedad y con nosotros mismos, con el paso del tiempo, la vejez, la quimera...
Es de agradecer, muy valioso, que haya quien escriba sobre estos temas y de esta manera, pensando en los lectores jóvenes. Gran teatro para ser leído y disfrutado.


viernes, 19 de abril de 2019

Libros que me gustan


Valentín Coronel: El oso polar se fue a la playa: ecología para animales despistados. Algar, 2018.

Este libro es el primero de una nueva colección de la editorial Algar, titulada Tu opinión divergente, y según lo apreciado tras la lectura, promete ser muy interesante.
El oso polar se fue a la playa es un libro informativo sobre ecología y medio ambiente, narrado con claridad y humor, bastante humor, sin que esto último reste interés ni seriedad ni rigor al contenido; al contrario, hace la lectura más amena y, seguramente, apetecible a lectores de más edad que la prevista en la colección (a partir de 10 años).
El libro está estructurado en tres partes: “Ecosistemas y biodiversidad”, “Recursos naturales y contaminación” y “Sociedad y economía”. En cada una de ellas, el autor nos guía por diferentes temas, nos pone en antecedentes, relaciona y conecta diferentes aspectos, como las consecuencias imprevistas de algunas decisiones (los conejos en Australia), la enorme cantidad de aguan necesaria para casi cualquier producción-fabricación, el riesgo de los monocultivos... En resumen, nos ofrece una visión bastante completa y organizada sobre nuestra vida en relación con el planeta que habitamos y lo que podemos hacer para salvarlo... No, mejor dicho, lo que podemos hacer para salvarnos, porque otra de las cualidades de esta obra es llamar la atenc,ión sobre nosotros, animales despistados que hemos puesto el foco en la Tierra enferma, en lugar de ponerlo sobre nosotros, sus habitantes, ya que somos nosotros quienes tenemos el poder de curarla. Como escribe el autor en el epílogo: 

Cuando alguien afirma «estamos destruyendo el planeta» falta a la verdad: la Tierra seguirá dando cobijo a sus huéspedes al menos otros 1750 millones de años, pero quizá ya no samos inquilinos. Y no por destruir el planeta, sino por acabar con el ecosistema humano, la antroposfera.

No os lo perdáis, tengáis 10, 15 o 50 años. Me he divertido leyéndolo, he aprendido un montón de cosas y lo recomiendo sin dudar.



miércoles, 17 de abril de 2019

Política de púlpito



Mi vecina Felicidad, Feli, está preocupada… Mejor dicho, sigue preocupada, porque así lleva meses, por no decir años. Es una preocupación crónica que repunta cada vez que hay elecciones y que, en consecuencia, debería estar exenta de deducciones salariales por incapacidad temporal. “Imagina cómo andan mi cuerpo serrano y mi mente alcarreña -se lamenta– con la sobredosis electoral que tenemos estos meses”. El caso es que Feli ha ido anotando las lindezas que han brotado por las bocas de los diferentes candidatos y sus fichajes-estrella y no da crédito. 
“¿Cómo es posible que se compita para ver quién suelta la chorrada más original y más absurda? ¿En qué momento deja de importar estar equivocado o mentir públicamente? ¿Cómo se explica que la campaña –y la precampaña y la postcampaña– se construya sobre la descalificación del contrincante, del enemigo, en lugar de hacerlo sobre las cualidades del proyecto propio? ¿Cómo puede ser que el rumbo político haya derivado hacia el enfrentamiento chabacano? ¿Desde cuándo hemos aceptado que la política se fundamente en la exclusión, sobre todo en un momento en que la realidad cotidiana está tan alejada de la realidad institucional y macroeconómica, sobre todo en un momento en que las mayorías absolutas han dejado de ser una opción? ¡Y cómo es posible que ese tipo de mensajes cale en la gente, concho! ¿Somos tontos o qué somos?”. Feli se enciende y en un cómic ya sería verde, enorme y aniquiladora.
Echamos de menos lo constructivo y la sensatez a la vez que la disidencia y la valentía planteadas con la seriedad del responsable, no con las voces del mercader. “Tenemos una política de púlpito y nosotros somos los feligreses -concluye Feli-. Piénsalo. El candidato se sube al púlpito y clama contra el Maligno. Y nosotros, abajo, muy abajo, nos hacemos cruces y nos lo creemos todo, por increíble que sea”. 
Te compro la metáfora, Feli le digo–, para el artículo del mes”. Y me pregunto si será también así en las municipales.


jueves, 28 de marzo de 2019

Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil 2019



Los libros inspiran pausa

“¡Voy con prisa!”, “¡No tengo tiempo!”, “¡Adiós!”… Expresiones semejantes pueden oírse quizá a diario, no solo en Lituania —en el centro mismo de Europa—, sino en muchas partes del mundo. Y con frecuencia parecida se oye decir que vivimos en la edad de la abundancia de información, la prisa y la precipitación.

Sin embargo, tomas un libro entre las manos y, de alguna manera, te sientes distinto. Y es que los libros tienen una estupenda cualidad: te inspiran serenidad. Con un libro abierto y sumergido en sus tranquilas profundidades, ya no temes que todo te pase de lado a toda velocidad, sin llegar a apreciar nada. Empiezas a creer que no será preciso lanzarse como loco a tareas de dudosa urgencia. En un libro todo sucede sigilosamente, en orden y según una secuencia. ¿Será tal vez porque sus páginas están numeradas y las hojas al pasar crujen tranquilamente y con un suave efecto relajante? En un libro los acontecimientos pasados se encuentran plácidamente con los que han de venir.

El mundo del libro es muy abierto; su realidad sale al encuentro amistoso con el ingenio y la fantasía, y a veces ya no sabes muy bien dónde —si en un libro o en la vida— has notado de qué manera tan bella caen al derretirse las gotas del tejado nevado, o de qué forma tan encantadora cubre el musgo la cerca del vecino. ¿Ha sido en un libro o en la realidad donde has experimentado que las bayas del serbal no son sólo bellas, sino amargas? ¿Acaso sucedió en el mundo de los libros, o de verdad estabas tumbado sobre la yerba en verano, y después sentado con las piernas cruzadas, contemplando las nubes que surcaban el cielo?

Los libros ayudan a no acelerarse, enseñan a observar; los libros invitan, incluso obligan a acomodarse, pues casi siempre los leemos sentados, poniéndolos en la mesa o en el regazo, ¿no es así?

¿Y acaso no habéis experimentado otra maravilla: que cuando leéis un libro, el libro os lee a vosotros? Sí, sí, los libros también saben leer. Os leen la frente, las cejas, las comisuras de los labios, que ahora suben, ahora bajan; sobre todo, por supuesto, os leen los ojos. Y por los ojos entienden… adivinan… Bueno, ¡vosotros mismos sabéis qué!

No tengo duda de que a los libros les parece muy interesante estar sobre vuestro regazo, pues una persona que lee —sea niño o adulto— solo por eso ya es bastante más interesante que la que se resiste a tomar un libro entre las manos, que la que —siempre con prisa— no llega a sentarse y no tiene tiempo de fijarse en casi nada. Este es mi deseo para todos en el día internacional del libro infantil: ¡Que existan libros interesantes para los lectores y lectores interesantes para los libros!

(Texto original e ilustración: Kęstutis Kasparavičius. Traducción: Carmen Caro Dugo)

Más información pinchando aquí.


viernes, 22 de marzo de 2019

Menores lectores



Nos acercamos a abril, el mes lector, que empieza con el Día Internacional de Libro Infantil y Juvenil, el 2, y culmina con el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, el 23. De Andersen a Cervantes y leo porque me toca... Es un buen momento para darle una vuelta, otra, al asunto.
En esta ocasión quiero citar el Informe 2018 de la Federación de Gremios de Editores de España en relación a la lectura en menores de edad. A saber. En 3 de cada 4 hogares con menores de 6 años se lee a éstos habitualmente (unas 3 horas semanales). El 85 % de los menores entre 6 y 9 años lee habitualmente libros no de texto. En menores entre los 10 y los 14 años, esta cifra es del 71 %, y entre jóvenes de 15 a 18 años, desciende al 45 %. Por otro lado, el 40 % de los padres y las madres buscan recomendaciones e información sobre libros para sus hijos pequeños en familiares, amistades o medios online.
Se me ocurren varias reflexiones.
Una es que el porcentaje lector hasta los 14 años en bastante alto y, sin entrar en la “calidad lectora”, me parece digno de mención y esperanzador.
Otra, más evidente, es el descenso lector proporcional al aumento de la edad, con un salto notable en la adolescencia, vinculado, seguramente, a la aparición de nuevos intereses, la sofisticación de otros ya existentes y el desarrollo biológico mismo; sin embargo, este descenso no debería ser preocupante, por temporal y sólo cuantitativo, si no estuviese relacionado también con la poca destreza y el débil hábito lectores.
Y la tercera reflexión tiene que ver con ese 40 % de padres y madres que no considera como primeras opciones para la búsqueda de información y referencia ni las librerías ni las bibliotecas. Me preocupa que se desaprovechen esas dos herramientas de rigor y criterio, imprescindibles para la orientación lectora en la inmensidad editorial y en la vorágine de internet. Quizá el otro 60 %, que ni siquiera busca, lo tenga más claro.


jueves, 21 de febrero de 2019

Dalee una vuelta al mundo


Este mes os voy a pedir dinero para dar la vuelta al mundo. No sólo yo, sino quien quiera. Sí, este año vamos a dar la vuelta al mundo. ¿Quiénes? Todas las personas que queramos poner a Parla en el mapa y que estemos dispuestas a emplear una parte de nuestro tiempo para emprender ese viaje. ¿Imagináis  a 128.000 personas desde Parla por el mundo? Supongo que cuesta creerlo. Pues bien, lo explico. En enero presentamos en sociedad la nueva Asociación Cultural El Globo Sonda. Es una asociación que, antes de nacer, tiene ya en su haber un buen número de acciones. La más conocida es, quizá, la campaña de carteles de animación a la lectura Leeeneltren, que podéis contemplar en los tranvías de Parla. Como asociación, ahora, ha nacido más ambiciosa si cabe y pretende embarcar  a todo el municipio, a todos sus habitantes, en la mencionada vuelta al mundo. ¿Cómo? Leyendo. Ése será nuestro vehículo. Nuestro tiempo de lectura se convertirá en distancia y, así, nuestro viaje nos llevará desde Parla a diferentes ciudades de distintos países, hasta dar la vuelta y llegar a casa de nuevo, dispuestos, quizá, a emprender otro viaje que, esta vez, nos lleve aún más lejos. Vale, pero ¿cómo? Mediante una app que convierta el tiempo en distancia. Una app que permita ver la contribución individual al viaje además de ver el avance del viaje común. Una app que permita comentar lecturas, conocer autores y obras de todo el mundo, hacer y recibir sugerencias... Una app en la que estamos trabajando ya y para la que necesitamos ayuda, porque cuesta dinero. ¿Nos ayudáis? ¿Queréis participar del viaje? En elglobosonda.es tenéis toda la información sobre este proyecto, algunos otros y, por supuesto, la asociación.

miércoles, 23 de enero de 2019

Rumbo


Mi vecina Felicidad, Feli, está preocupada. Conmigo, porque no escribo apenas, dice; pero, sobre todo, con el panorama político y social, que está escribiendo una página bastante lamentable en nuestra historia, se lamenta. Como suelo hacer cuando Feli irrumpe en casa impulsada por el enfado, la indignación, el entusiasmo o la preocupación, la dejo hablar sin interrumpirla, mientras descorcho una botella de vino y busco cualquier cosa para acompañar. Dice que a sus sesenta años hay cosas que creía ya superadas, asuntos consolidados, una dirección clara y ya inalterable en la que nuestra sociedad se desplaza, con algún traspiés que otro, pero sin volver la mirada atrás ni, mucho menos, girar el sentido de nuestros pasos. “Vamos, que estaba segura de que Orfeo esta vez sí que iba a sacar a Eurídice del inframundo, definitivamente”. Y se lanza a poner ejemplos, como los derechos humanos, de la ciudadanía o de la infancia, la abolición de la pena de muerte, el sufragio universal, la educación obligatoria, la sanidad pública, la igualdad, el estado de derecho, el pacto social, la laicidad de la vida pública, la democracia, la separación de poderes… “No, esto último no vale, que con tanto ejemplo confundo consolidación con anhelo”, rectifica Feli, para continuar: “Creía firmemente que se habían tomado decisiones trascendentales con el suficiente consenso y apoyo ciudadano como para construir sobre ellas la modernidad de nuestra sociedad. Decisiones tomadas en frío y con calma. Sin embargo, ahora, en esta última década, pienso que seríamos capaces cambiar radicalmente de rumbo, animados personal y corporativamente por el interés, la precipitación y la nostalgia”. No nos atrevemos a brindar. Bebemos en silencio. Y le prometo que intentaré escribir más. Y mejor.


jueves, 20 de diciembre de 2018

Postelectoral


En primero de carrera, Filología, elegíamos delegado. Uno de los candidatos recogió el testigo de la inutilidad que la figura del delegado suponía y anunció como principal -y creo recordar único- punto de su programa: “votadme y mañana dimitiré”. Todo en señal de protesta por la función puramente ornamental del delegado. Y votamos. Y salió elegido. Y no solo no dimitió al día siguiente, sino que lo tuvimos como delegado curso tras curso, hasta quinto. No conseguimos grandes cosas durante la carrera, pero él se hizo bastante popular entre el alumnado y también entre el profesorado. Él era un animal político, sin duda; nosotros, crédulos, maleables y apáticos. 
He recuperado este recuerdo tras las elecciones andaluzas. La postura de Vox en ellas me recuerda a la de aquel candidato.  Por un lado, participa en las elecciones a una administración, al autonómica, que asegura suprimirá si tiene la ocasión. Por otro, presenta un programa de aspiración nacional, sin propuestas concretas, específicas, aplicables a la vida concreta y específica de los ciudadanos de una comunidad, que sirve por igual para Cádiz que para Girona, es un decir. 
Como la del candidato universitario, la de Vox me parece una postura oportunista que alimenta de manera simple ideas esquemáticas, en un momento propicio para lo emocional. Su mensaje ha conseguido unir a personas desencantadas con el PP, con personas hartas y temerosas, con personas nostálgicas del “una, grande y libre”, en un voto por oposición, en su mayoría. Oposición a los partidos que no han sabido solucionar problemas importantes para la vida y la convivencia. Oposición al vecino, discrepante o diferente. Oposición a la reflexión y el análisis, que generan incomodidad e interrogantes. 
Así que no, no creo que los 400.000 votantes andaluces sean fachas, pero compartir cartel con quienes lanzan vivas a Cristo Rey o cantan El novio de la muerte, a mí me produciría ardor.


domingo, 16 de diciembre de 2018


Algunas fotos de la presentacion de Ruscu-Ruscu Mi cuerpo en la librería Charada de Ciempozuelos, el pasado 15 de diciembre. Las fotos son de Sal de Plata Fotografía. Mil gracias.












martes, 20 de noviembre de 2018

¡Animales parleños, uníos!


Los perros y perras de Parla tienen menos recursos que los perros y perras del resto de la Comunidad de Madrid. Igual pasa con los gatos y las gatas, los pájaros y las pájaras... con las mascotas en general y los animales de compañía..., incluso con los animales de servicio, terapia o asistencia. Los animales de nuestra ciudad tienen menos servicios, peores condiciones de vida, menores expectativas, por el solo hecho de haber nacido o vivir en nuestra ciudad. Además, una gran parte de esos animales se encuentra en serio peligro de exclusión o ya ha traspasado esa frontera y vive en la pobreza. Sí. Muchos de ellos ya son irrecuperables, por la edad y por el tiempo que llevan fuera del sistema. Muchos de ellos no cuentan con ningún apoyo institucional, ni tienen garantías de seguir habitando una casa durante el tiempo de vida que les queda. La situación es desesperada y el Ayuntamiento de Parla no puede remediarla sin la ayuda de las otras administraciones. Pero para conseguir los apoyos suficientes es imprescindible la acción social, la movilización de los vecinos y las vecinas de Parla.
¿A que a nadie le costaría esfuerzo apoyar estas reivindicaciones, saliendo a la calle, manifestándose, caminando incluso hasta Madrid para exigir una solución? Pues cuando se trata de personas no hay manera. Apelando a las personas no conseguimos remover conciencias; en cambio, con los animales... Al fin y al cabo, como dice un amigo, los animales no son de izquierdas ni de derechas, no son autóctonos ni extranjeros, no son creyentes ni ateos, fachas ni rojos, como sus dueños... Ése sí que parece un problema gordo, gordísimo. Tener que movilizarse por los derechos de las personas, contra la precariedad de las personas, la pobreza de las personas, la escasez de recursos de nuestra ciudad, ésa donde viven tantas personas tan diferentes... Uf. Qué miedo. No. Mejor, los animales. Todos. Son tan monos...






sábado, 20 de octubre de 2018

Parla sigue urgiendo



El 25 de septiembre un grupo de parlamentarios y políticos autonómicos visitó nuestra ciudad en un acto organizado y desarrollado por Urge Parla. Vinieron del PP, PSOE, Podemos, Ciudadanos, Equo, IU; los acompañamos en la visita miembros de Urge Parla y de la Mesa Técnica para la implantación del Plan Integral de defensa de derechos de la ciudadanía, creada hace más de un año e integrada por –esto es muy importante– entidades locales de diversa naturaleza (partidos, sindicatos, asociaciones, equipo de gobierno). Llegaron en tren, recorrimos a pie algunas calles de la zona norte de Parla, fueron informados, y lo apreciaron en vivo y en directo, sobre limpieza, deterioro, habitabilidad, comercio local...; continuamos el recorrido en autobús, alquilado por Urge, por el espacio del PAU 5, Viario de Ronda, hospital, Avenida de las Américas, Parla Este..., para que viesen y fuesen informados sobre industria, vivienda, distancias, comunicaciones interiores y exteriores, servicios pendientes, recursos ausentes, problemas evidentes y necesidades inaplazables. Fue un recorrido guiado que todo habitante de Parla debería hacer alguna vez. Terminamos la visita en el local donde la Mesa Técnica se reúne periódicamente para plantear necesidades puntuales y buscar soluciones. Conocimos las impresiones de los ilustres invitados y comentamos con ellos las expectativas que la visita nos planteaba. Me atrevo a resumirlo todo en dos frases. Una: hay voluntad en unir esfuerzos para darle a la Mesa carácter autonómico y llevar a la Asamblea de Madrid enmiendas presupuestarias conjuntas. Y dos: es necesario apelar a los políticos locales y su compromiso por la ciudad, para tener un Ayuntamiento fuerte y decidido que anteponga las necesidades y prioridades de Parla al devenir electoral y partidista del que nadie parece poder o querer librarse. ¿Qué os parece?, ¿lo conseguiremos?


Si queréis ampliar la información sobre Urge Parla, podéis pinchar aquí.


miércoles, 5 de septiembre de 2018

Pregón (2ª parte)


Descanso, celebración, conmemoración, disfrute, diversión… son todas palabras asociadas al significado de la palabra “fiesta” y todas tienen cabida, en una medida o en otra, dentro de la expresión “fiestas patronales”, cómo no. “Entonces –me interrumpe mi vecina Felicidad, Feli–, por qué este empeño tuyo en darle más vueltas a la noria. La gente quiere divertirse y olvidarse durante unos días del trabajo y la rutina, y el ayuntamiento ofrece esa posibilidad con atracciones, casetas, conciertos, toros, procesiones… Qué tiene de malo darle a la gente lo que quiere”. Se me viene a la memoria la canción de Leño, Maneras de vivir, y respondo a Feli que la clave está en el plural. Hay muchas maneras de descansar, celebrar, conmemorar, disfrutar y divertirse, pero los ayuntamientos suelen apostar sólo por una de ellas, la misma casi siempre, esa que consiste en repetir lo tradicional y lo popular, lo ya conocido, sin más complicaciones. Las fiestas igualan a todos los partidos políticos, vencen a las ideologías, son unánimes, Feli, como la noche que crea Borges en Las ruinas circulares. Así las cosas, es extraño que nadie se plantee separar Cultura y Festejos en concejalías diferentes. Es una gran contradicción mantenerlos unidos cuando en toda fiesta la parte cultural es prácticamente nula, no existe el mínimo enriquecimiento social, no hay ninguna novedad, no se explora la diversidad en ninguna de sus expresiones. En realidad, nada de lo que se programa y se hace en las fiestas aporta nada sustancioso a nadie, más allá de pasar un buen (divertido, movido, esforzado, reflexivo, beato, suculento…) rato. Bueno, en realidad, la concejalía de Cultura tampoco suele aportar gran cosa al concejal de turno, porque suele compartir con él un perfil muy bajo en relación a los demás concejales y concejalías, lo cual favorece que todos, Feli, seamos la misma gente y queramos la misma cosa.


viernes, 27 de julio de 2018

Cuento de verano


Dice la profecía... Llegarás al último día de trabajo como quien se planta en la línea de salida de una carrera inminente, se coloca sobre los tacos, tensa todos los músculos, pone en alerta cada célula de su cuerpo, y el pistoletazo de salida no se da; tarda y tarda y tarda, hasta que no puedes aguantar tanta tensión y sales en falso, una vez y otra vez... Es una mierda, porque no hay descalificación, sino que vuelves a tu puesto y vuelta a empezar. Hasta que finalmente, ¡pam!, se da la salida y ya no hay vuelta atrás. Saldrás. Irás directamente a... Irás directamente, no importa a dónde, porque sólo irás. Al bar, a casa, a donde sea, vas, la cuestión es ir, estar yendo ya, con el eco, ¡pam!, del pistoletazo en tu cabeza y todos los rivales perdidos de vista en un instante, inmediatamente. Sólo tú y tus vacaciones por delante, avanzando a toda velocidad, celebrando la liberación, haciendo el equipaje sin olvidar nada, sacando dinero suficiente del cajero, metiendo prisa a la familia porque no hay tiempo que perder, carpe diem, collige virgo rosa, andando que es gerundio hasta el beatus ille, merecido y anhelado. Y así, a velocidad de crucero ya, arrancarás, te incorporarás a la autopista, avanzarás por el río de la operación salida rumbo al mar de la tranquilidad, junto a millones de individuos que, como tú, habrán salido a toda pastilla, dejando atrás todo y a todos, poniendo su atención completa en ese apartamento, esa playa, ese pueblo, ese hotel, donde entre millones estar solo, ser solo, the fucker master of the universe. Y pasarás la semana, la quincena, sin pérdida de tiempo, porque cada instante es único e irrepetible, como probarán las fotos y los vídeos, y adaptará la memoria enseguida. Y desembocarás en el momento del regreso, ilusionado y agradecido, completamente repuesto, las pilas cargadas, para reincorporarte sin solución de continuidad al trabajo y a la cotidianidad, como quien ayer no más decía... Y fin.



jueves, 28 de junio de 2018

Pregón (1ª parte)


Lo he dicho ya en alguna otra ocasión. Las fiestas -las de cualquier municipio en general y las de Parla en particular- deberían ser otra cosa. Comparto el componente ocioso y de divertimento que tienen, me parece bien la parte espectacular, acepto la referencia a algunas tradiciones, la vertiente religiosa incluso. Sin embargo, lamento y denuncio la inercia, la pasividad, el conformismo..., de quienes piensan, organizan y desarrollan las fiestas, porque lo único en lo que trabajan es en lo fácil, lo rutinario, lo agradecido: las fiestas, esa época del año en que se va a la feria, se toma algo en alguna caseta, se asiste a algún concierto gratuito, se saca a la Virgen en procesión, se participa en un campeonato de mus… La atemporalidad de las fiestas. Para qué nos vamos a complicar la vida si la participación -ese medidor tan socorrido del éxito- está asegurada. Lo primordial es pasarlo bien haciendo lo que suele hacerse. Con lo que cuesta y lo arriesgado que es incorporar nuevas ideas, o intentar asociar ocio y cultura más allá de lo previsible y estereotipado, o actualizar la fiesta con los nuevos vecinos, o recuperar la calle y los barrios como espacios festivos, o pretender hacer comunidad y generar sentido de pertenencia, arraigo, sin tener la garantía del éxito… En Parla lo teníamos muy fácil con Las Fiestas del Agua, que ya poseen en su esencia el carácter social y fueron durante tiempo fiestas de y en los barrios... Ay, qué tiempos aquellos en que el vecino no tenía que ir a buscar la fiesta, porque el barrio era el recinto ferial… Imagino ahora, por un momento, unas fiestas desparramadas por la ciudad, nutridas con la participación activa de los vecinos, con la oferta multicultural que nos conforma, la comida, el arte, el color, el movimiento, sin fin, y me da algo. Pero no, qué va. Es mucho mejor que sean los feriantes los que nos las diseñen. Ellos saben lo que queremos.