lunes 4 de enero de 2010

Curiosidad monstruosa: después de

Una vez vista la película Donde viven los monstruos, os cuento mi opinión, que complementa la del post Curiosidad monstruosa: antes de, que podéis leer aquí.

Es tal la diferencia entre álbum y película, tanta la distancia, que en este caso más que en ningún otro estaría justificado no comparar nunca, jamás, uno con otra. Sin embargo será inevitable por varias razones: el mismo título, los mismos disfraces, el nombre del escritor en los créditos, las alusiones literales al álbum… En fin, seré breve.

La película no me ha gustado por varios motivos:
  1. Es aburrida.
  2. Es una película sobre la soledad, más que sobre la imaginación, como me parece el álbum. Lo malo es que los personajes solitarios -Max y el monstruo Carol- me caen mal.
  3. La explosión de mal humor de Max me parece demasiado repentina, violenta y sin coherencia con lo que del chico se nos ha mostrado hasta ese momento.
  4. Es aburrida.
  5. El viaje de Max es inútil. Para Max y para los monstruos. Nadie aprende nada, nadie crece, nadie cambia.
  6. Es una ocasión perdida para reflexionar sobre, por ejemplo: para que cambien las cosas no hacen falta reyes, basta con proponérnoslo. Se apunta a esta diana, pero se yerra el disparo o, peor aún, no se produce ningún disparo. El rey de los monstruos no sirve para nada, del mismo modo que los monstruos siguen como estaban antes de la llegada de Max (un gesto final de Carol solamente, vacío de palabras. Lástima).
  7. Es aburrida.
  8. La relación entre los monstruos Carol y KW es de jardín de infancia. Ella, KW, se va al parecer porque no soporta su mal humor, pero tampoco es clara sobre sus sentimientos; él, Carol, el monstruo destroza-cabañas, se revela como un histérico iluso de encefalograma plano, incapaz de entender nada de nada y, por supuesto, de cambiar un ápice su actitud.
  9. No me creo -y entonces no me parece bien empleado- el pasadizo por el cual Max va y viene de un mundo a otro -su embarque y su viaje por mar-, ni el momento de inflexión en que el tiempo cronológico (Max y su madre) y el de la ficción (Máx y los monstruos) se tocan y conectan.
  10. Cuando veo al monstruo Carol moverse y gesticular, no puedo evitar imaginarme todo el rato a Don Pimpón, aquel vecino viajero de Espinete en Barrio Sésamo.
  11. Es aburrida.
  12. La perfección digital del cine actual pasa factura a los monstruos de disfraz y los hace demasiado teatrales, con lo que, en este caso al menos, el tono de la película se viene abajo.
  13. Si a un monstruo le lanzan una bola de barro y le hacen una herida, no puede ser que luego le arranquen un brazo y sólo se entristezca por ello. Peor aún, ¡¡¡no puede aparecer después con un palito clavado al costado como si fuese un bracito atrofiado!!!
  14. Sólo la monstruo Judith se salva de tanta tontería. Es la única que muestra algún ramalazo verdaderamente monstruoso, pero sucumbe a la dejadez del resto.
  15. Es aburrida.


















Y la frase inquietante del álbum: "Por favor no te vayas -te comeremos- te queremos tanto...", en la película la dice, adaptada, la monstruo KW: "te comería, te quiero tanto...", y me parece más relacionada con comerse a besos a alguien que a mordiscos. Es decir, que no entiendo el empeño por citarla, la verdad.

miércoles 30 de diciembre de 2009

Sin salir de casa


Los libros la transportaban a nuevos mundos y le mostraban personajes extraordinarios que vivían unas vidas excitantes. Navegó en tiempos pasados con Joseph Conrad. Fue a África con Ernest Hemingway y a la India con Rudyard kipling. Viajó por todo el mundo, sin moverse de su pequeña habitación.

Roald Dahl: Matilda.

Ilustración de Quentin Blake.

lunes 28 de diciembre de 2009

Ediciones Sompatas (VII)

PROFE ENFADADO

El profe Cates entró en clase más oscuro que una noche nublada sin luna. Oscurísimo y con la nariz más roja que un tomate. Eso significaba que estaba muy, pero que muy enfadado.
Todos se quedaron asombrados, porque nunca lo habían visto así, ni siquiera cuando alborotaban y no atendían.
Esperaron bastante rato, pero Cates seguía oscuro, oscuro y rojo. Y como nada cambiaba, la sompata Calina se levantó, se colocó junto a Cates, miró a sus compañeros y, como si fuese la profe suplente, dijo:
- Bien. Hoy vamos a hablar de los diferentes modos que hay para desenfadarse. Cada uno de nosotros compartirá con la clase el suyo. El primero será el profe. Cuando quieras, Cates.
Y Cates les habló de su sistema para desenfadarse, que consistía en hablar sin parar durante, al menos, media hora, hablar de cualquier cosa no importa el tema lo importante es hablar y hablar sin parar de pronunciar palabras y más palabras que blablablá...
Y poco a poco se fue aclarando todo.

Dibujo de Patricia Pérez, alumna de 5º curso del colegio Isabel la Católica de Pinto.

lunes 21 de diciembre de 2009

En Noche... buena


La policía lo encontró el día de Navidad por la tarde, en un local comercial vacío. Estaba sucio, prácticamente desnudo y semiinconsciente, enterrado bajo una montaña de cartones y papeles de regalo, y rodeado de un marasmo de juguetes rotos. Murmuraba sin cesar palabras apenas inteligibles, como una letanía o un bucle oral del que era incapaz de salir.
Cuando se corrió la noticia, varios vecinos trasnochadores y algún vigilante jurado testificaron que lo habían visto a altas horas de la madrugada en diferentes zonas de la ciudad, merodeando entre los chalés sin terminar, los bloques de pisos sin ocupar, las viviendas abandonadas. Se mesaba la barba a golpe de lamento y gemía como un niño. Lo tomaron por un vagabundo loco, pero lo dejaron estar. Al fin y al cabo era Nochebuena.
Entre los despojos del local hallaron también jirones de tela roja y blanca, y el presentimiento se hizo más patente. Aquello no era un disfraz, ni se trataba de un loco, ni balbuceaba palabras inconexas.
Localizaron a un intérprete, que acudió renegando por haber tenido que dejar a la familia en una fecha tan señalada como aquella. Escuchó atentamente al desconocido, le hizo varias preguntas, tomó enigmáticas notas en su libreta, grabó sus palabras en un diminuto aparato digital que le habían regalado la noche anterior y concluyó lo que nadie, o todos, sospechaban. “Habla un dialecto del finés, de la zona más septentrional del país, antiguo y de transmisión principalmente oral. Hay algunas expresiones que no entiendo completamente, pero me atrevo a asegurar que lo que dice es lo siguiente: ‘Vaya mierda. Tanta casa en obras, sin acabar y sin habitar, o mejor dicho habitada por fantasmas descreídos… Qué regalos se pueden dejar en estas condiciones. Así no hay quien trabaje, jou, jou, jou’.”


Ilustración de Biljana Djurdjevic.

jueves 17 de diciembre de 2009

Libros que me gustan



Fue un amor a primera vista. Acabábamos de inaugurar la Biblioteca Gloria Fuertes de Parla cuando descubrimos este álbum. En seguida supimos que era ideal para contarlo a los niños que viniesen a conocernos... ideal para contarlo y para "jugarlo" con ellos, pues la historia es propicia a la participación, repartiendo entre los niños los papeles de los diferentes animales que aparecen en el cuento. Desde entonces hemos contado este cuento a cientos de grupos y me atrevo a decir que se ha convertido en la mascota oficiosa de la biblioteca.

Para quienes no la conozcan, la cebra Camila vive en el lugar más ventoso del mundo y un día pierde siete rayas de su piel, por no hacer caso a los consejos de su madre. Emprende un triste camino en el cual se encuentra con distintos animales que la ayudarán ofreciéndole unas rayas alternativas. Así, Camila irá recuperando la alegría y acabará siendo la cebra con las rayas más alegres y surtidas de que se tiene noticia. Incluso su madre participa positivamente en esta aventura de amistad, colaboración y crecimiento.

Teresa Núñez cuenta la historia con cuidada sencillez, utilizando la rima con sutileza para hacer más entrañable y simpática la peripecia de Camila, quien va intercambiando sus lágrimas una a una por nuevas rayas, para acabar viéndose tan guapa...
con un anillo en la pata,
un caminito de plata,
un lindo remiendo azul,
una puntilla de tul,
una cuerda de violín,
un gran cordón de botín,
una cinta en la melena
y ni una gota de pena.


Sobre las ilustraciones de Óscar Villán no pienso decir nada, porque basta con admirarlas (la cara de Camila forma parte ya, junto con la del pato de Kitamura y otras que iré desvelando, de mi colección "rostros inolvidables de libros infantiles igualmente inolvidables").









La cebra Camila
Marisa Núñez
ilustraciones de Óscar Villán
Kalandraka, 1999



martes 15 de diciembre de 2009

Tiempo de espera (2)

Hay un reloj invisible
suspendido en el aire sobre cada cabeza.
También inaudible, sin ritmo aparente,
sólo percibimos la presión que ejerce,
que a veces embota,
oprime las sienes,
excita la desazón
que todos alguna vez
hemos sentido aquí arriba,
como un nudo inventado
de resolución imposible;
un reloj de incertidumbre,
premonitorio,
antirreloj,
de textura similar a los malos pensamientos;
reloj de sombra aciaga,
nube nefasta sólo desleída
por la certeza
propicia
del paso del tiempo.

jueves 10 de diciembre de 2009

Tiempo de espera (1)

Hace algunos años, proyecté un libro de poemas con el tiempo como tema central -y único-. Algunos de sus versos han visto la luz de forma aislada y dispersa, otros, la inmensa mayoría, permanecen inéditos... Hasta ahora. Los iré mostrando poco a poco.
El título era EL VIAJE QUE PROSIGO. Estaba encabezado por estas dos citas:

Extraño planeta y extrañas las gentes que aquí viven.
Sucumben al tiempo, pero sin querer admitirlo.


Wislawa Szymborska, “Hombres en el puente”.


Tal para suerte nuestra
El viaje que prosigo,
En un pestañear
Exhumando, inventando
De cabo a rabo el tiempo,
Prófugo igual que todos
Los que fueron, que son y que serán.


Giuseppe Ungaretti, “Últimos coros para La tierra prometida”.

...y el primer poema es éste:


TIEMPO DE ESPERA

La rabia, coño, paciencia, paciencia
(Silvio Rodríguez)


1

Esperar la noticia
-larga vida al mensajero-.
No importa su maldad,
su bondad,
solamente acabar
con el tiempo homicida de la espera.

Terrorífico tiempo el de la espera,
tiempo de sí o no,
de bueno o malo,
de vida o muerte.
Los inventores del tiempo
inventaron la espera
-merecen la muerte por ello-
y la espera engendró incertidumbre,
un dolor esencial.

Lo terrible no es saber.
Lo terrible en realidad
es esperar la noticia,
desearla
desesperadamente,
porque la incertidumbre
nos mata más y mejor
que la nefasta certeza.

martes 8 de diciembre de 2009

Hablando de libros... ya le tocaba













Retirado en la paz de estos desiertos,
Con pocos pero doctos libros juntos,
Vivo en conversación con los difuntos,
Y escucho con mis ojos a los muertos.

Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
O enmiendan o fecundan mis asuntos;
Y en músicos callados contrapuntos
Al sueño de la vida hablan despiertos.

Las grandes almas que la muerte ausenta,
De injurias de los años vengadora,
Libra, oh gran Don Josef, docta la imprenta.

En fuga irrevocable huye la hora;
Pero aquélla el mejor cálculo cuenta,
Que en la lección y estudios nos mejora.

Quevedo

jueves 3 de diciembre de 2009

Ediciones Sompatas (VI)


LA RECOLECCIÓN

El periódico Actualidad Sompata destacaba en portada el acontecimiento más esperado de todo el otoño: la recolección de los rondelos.
Los sompatas se preparaban como siempre. Junto a la puerta de cada casa, dispusieron grandes barreños y largos palos, y esperaron ansiosos el momento adecuado.
Los más veteranos sabían que no debían tener prisa. Los rondelos deben recolectarse en el momento justo de maduración. Pero los más jóvenes e inexpertos apenas podían aguantar las ganas de salir corriendo y liarse a varazos con los árboles, las rondelas, y ponerse morados con los frutos caídos.
Todos miraban al cielo y a los rondelos, miraban y contrastaban las tonalidades del azul que ofrecían, y esperaban hasta que, entornando los ojos, eran incapaces de distinguir el azul del fruto del azul del cielo.
El sompata más viejo era quien mejor lo sabía y fue él quien dio la señal.
- ¡Ahora!
Todos los sompatas agarraron sus instrumentos y echaron a correr hacia las rondelas; mientras unos golpeaban las ramas con los largos palos, otros recogían los rondelos caídos y los metían en los grandes barreños. Un constante ir y venir les daba el aspecto de hormigas multicolores.
Y cantaban sus canciones de la recolección. Y los más pequeños se sentaban a la sombra y probaban aquellos frutos tan ricos.
Al anochecer, sin pararse a descansar y en pleno campo, preparaban los primeros platos de la temporada y, junto a las hogueras, todos comían en una gran fiesta común.


Ilustración de Julio García López para Vida sompata (Diputación de Cuenca, 2004).


martes 1 de diciembre de 2009

Libros que me gustan

Paraíso

Cuando hablamos de álbumes ilustrados solemos decir -yo al menos lo digo-que tenemos tres historias -y por lo tanto tres libros-, por el precio de una: la que cuenta el texto, la que muestran las ilustraciones y la que orquestan texto e ilustraciones juntos. Ocurre a veces que la armonía es tanta, es tal la compenetración entre letra e imagen, que el álbum se convierte en una fuente de emoción inolvidable y afecta -infecta- a todos los lectores que llevamos dentro, al adulto, al niño, al escritor, al bibliotecario, al padre… Paraíso, de Bruno Gibert me parece uno de esos álbumes.

El texto.- Su abuelo ha muerto y el niño protagonista de esta historia se pregunta dónde y cómo será ese paraíso en que, según le han dicho, está ahora. Mediante un breve monólogo que apela a los recuerdos acompañamos al nieto en sus pensamientos y emociones.
Las ilustraciones.- Como contrapartida al texto, las ilustraciones del álbum reproducen señales, logos, pictogramas…, todo un repertorio de fríos iconos. que chocan con el tono y el tema del libro
El texto y las ilustraciones.- El choque entre uno y otras complica el tono del libro y lo hacen tremendamente sugerente, tierno, original y… sí, divertido.
Y si recordamos que el argumento trata la muerte de un ser querido, lo de la diversión se convierte en algo mucho más interesante.


Paraíso
Autor: Bruno Gibert
Traducción: Teresa Durán
Edición: Los Cuatro Azules, 2009











domingo 29 de noviembre de 2009

Silva politiquera


Después de más de 30 años de democracia nacional, más de 50 de alianzas internacionales, más de 200 de derechos fundamentales, podemos sugerir algunas desordenadas reflexiones alrededor de la política actual.

Es necesario, como el comer, propiciar un cambio en el sistema, un cambio de base, esencial, que remueva la podredumbre y abra otros caminos nuevos y esperanzadores: limitación del poder de actuación de los políticos, listas abiertas, aplicación real de la máxima “una persona, un voto”, etc.

Quizá haya que rendirse a la evidencia y reconocerla abiertamente: el objetivo de todo Ayuntamiento es colocar a la mayor cantidad de vecinos posible, así que se debería trabajar directamente en ese sentido para garantizar que no sólo los vecinos con cargos y contactos en asociaciones, agrupaciones y colectivos varios tienen posibilidades, sino cualquier vecino, independientemente de su cualificación y filiación política. Lo importante es que tengan ganas de trabajar y trabajen. Lo demás vendrá dado con el tiempo.

Dado que ya es del todo increíble e irrecuperable la independencia de los tres poderes (legislativo, ejecutivo y judicial, si no recuerdo mal), la única solución para una labor aceptable en cada uno de ellos es el control férreo mediante la creación de un cuarto poder, al que podemos llamar, por ejemplo, tiranía electa, que los dirigiría eficaz y eficientemente.

Mientras exista el derecho a veto en las instituciones y organismos internacionales (llámese ONU, OTAN, Unión Europea, etc.), nunca, jamás, se conseguirá hacer nada realmente serio ni, mucho menos, útil ni, mucho menos aún, estable.

En política, la presunción de inocencia es una falacia, por no decir una estupidez, ya que está sometida al rigor de la responsabilidad política, que es esa idea propagandística y electoralista mediante la cual se establece que la simple sospecha de delito acarrea pérdida de votos y, por tanto, de poder y, en consecuencia, ha de ser intervenida quirúrgicamente de urgencia.

Si con la experiencia acumulada, las leyes aprobadas, los mecanismos activados, sufrimos el mayor oscurantismo, la mayor corrupción, el mayor distanciamiento, la mayor decepción, políticos de la historia reciente, ¿para qué votar? En el fondo somos carne de oclocracia, de un gobierno de la muchedumbre entendida ésta como masa estúpida y viciada, y estamos encantados de que nos bañen en demagogia.

Cómo es posible que el fallo generalizado del sistema capitalista afecte más, avergüence más y paralice más a los gobiernos socialistas.

Más de 30 años de democracia para terminar conviviendo con funcionarios acomodaticios, técnicos negligentes, políticos ineptos y ciudadanos irresponsables.

Si con tantas leyes y mecanismos establecidos para garantizar la transparencia, la igualdad, la rapidez, el control, etc., de la administración pública, el nivel de honestidad no parece haber aumentado, sino, más bien al contrario, parece estar cada día más en entredicho, ¿no sería más razonable ahorrar esfuerzos, tiempo y dinero y recuperar el sistema caciquil, para tener algo evidente a lo que oponerse y luchar?

martes 24 de noviembre de 2009

Bloc


La revista Bloc ya va por su cuarto número. Para quienes no la conozcan, se trata de una publicación semestral cuyo subtítulo es: "revista internacional de arte y literatura infantil", lo cual da una pista sobre el contenido... ¿o no? No lo sé, pero es realmente así.
Cosas que llaman la atención: el texto bilingüe en castellano e inglés, cada número es monográfico, la cuidadísima maquetación de cada página, la especial atención que se da a los álbumes ilustrados, la originalidad con que aborda los diferentes temas, la calidad de sus colaboraciones y colaboradores, la ausencia de cualquier tipo de comisión para mí por decir estas cosas.
El nº 3 estuvo dedicado a los abecedarios y los lectores pudimos gozar, entre otras cosas, de uno dedicado a los personajes de la literatura infantil, compuesto por un texto alusivo y una ilustración extraordinaria. Como ejemplo, aquí tenéis la doble página dedicada a la letra G:













El nº 4 está dedicado a los interrogantes y los enigmas en los álbumes ilustrados y, como ocurrencia genial, contiene un cuestionario de 16 preguntas sacadas de diferentes obras infantiles. Es un cuestionario para jugar, pero también para darle vueltas a algunos asuntos de la vida, el mundo y, claro, la literatura. No me resisto a reproducirlo. Helo:
  1. ¿Se puede saber quién eres y adónde vas? (El mago de Oz)
  2. ¿Y eso es divertido? (Momo)
  3. ¿Qué es una vida humana? (Momo)
  4. ¿Crees que un muerto está muerto para siempre, o crees que puede resucitar? (La isla del tesoro)
  5. ¿Qué buscas? (El tesoro del capitán Nemo)
  6. ¿Qué es lo que no consentirías? (Pippa Mediaspargas)
  7. ¿Te cae simpática la reina? (Alicia en el País de las Maravillas)
  8. ¿Te… te gustan… los… perros? (Alicia…)
  9. ¿Por qué el ocho va después del siete? (17 cuentos y dos pingüinos)
  10. Tengo ocho cocos, ocho monos y ocho niños. ¿Cuántos imbéciles tengo en total? (Matilda)
  11. ¿Te has encontrado alguna vez con una bruja? (Las brujas)
  12. ¿Crees en las hadas? (Peter Pan y Wendy)
  13. ¿Sabes lo que es un beso? (Peter Pan…)
  14. ¿Qué es el tiempo, de verdad? (Momo)
  15. ¿Es así eso de ser adulto? ¿El hacer y decir cosas que no entienden los niños? (El perro que corría hacia una estrella)
  16. ¿De qué sirve un libro si no trae estampas ni diálogos? (Alicia…)

Me recuerda a otro cuestionario que una vez hace ya mucho tiempo nos deslumbró a quienes participamos en aquellos cursos de verano de Acción Educativa y que... Otro día os lo cuento.

jueves 19 de noviembre de 2009

Madrid es un infierno


Mi vecina Felicidad, Feli, vino a verme el otro día. Estaba indignada, cabreada, más bien enfurecida. Una amiga venía a visitarla después de años sin verse y ella, anfitriona militante, había planeado un completo día de actividades en Madrid, capital del reino. Primero irían a un museo, después un tentempié, más tarde a otro museo, después un tentempié, luego comida, con gintónic en el Bristol, por la tarde paseo por el Madrid medieval y el de los Austrias, sin olvidar algún tentempié en cualquier taberna, bar o terraza, y por último, función de teatro, un último tentempié y regreso a casa. No eran planes tan extraños como para fracasar, ¿verdad? Habiendo reservado, asumiendo alguna que otra cola, previendo una zanja aquí y otra allá, el plan debía haber resultado ameno a la par que interesante. Sin embargo falló. ¿Por qué? Es sencillo. La amiga, cuyo recuerdo de Madrid pertenecía a los años ochenta y estaba formado por imágenes de una ciudad que acababa de despertar de un largo sueño, despertar ya entre obras, bien es cierto, ahora se veía revivido por esta nueva ciudad más en obras aún, obras del más difícil todavía, obras que anulan cualquier vestigio de ciudad pregallardoniana, como si todo lo anterior a él fuese caca de la vaca, como si todo fuese mejorable para el bien de unos vecinos que, ya lo saben, nunca jamás lo disfrutarán, porque nunca jamás se terminará nada. “Ya sé lo que pasa”, comentó la amiga, “el famoso lema ‘De Madrid al cielo’ ha sido reconvertido por el alcalde y su colega el obispo y significa, secretamente, ‘Madrid es un infierno’; cambia las llamas por las obras y ahí lo tienes.” Al oírlo, Feli se rió, pero luego, recorriendo con la vista y la memoria el paisaje de esa ciudad tan maltratada supo que su amiga tiene razón. Madrid es un infierno, un sucio, agobiante e incombustible infierno.

Imagen tomada del blog: El sitiado de Madrid.

martes 17 de noviembre de 2009

Ediciones Sompatas (V)


LOS NERVIOS

La sompata Mega llevaba unos cuantos días muy nerviosa. Le daban unos tics tremendos, se movía como a saltitos, hablaba si-la-be-an-do y tenía hipo.
Fue a ver al médico. El doctor Marclus la observó minuciosamente, le tomó la temperatura, el pulso, la tensión, le miró la lengua y los ojos y los oídos, le cantó una canción de cuna y le contó un cuento de risa. Todo parecía normal.
- Si los motivos de tus nervios no están dentro de ti -explicó el doctor Marclus-, estarán fuera. Vamos tu casa.
Fueron a casa de Mega y nada más entrar, los síntomas se agudizaron. El médico observó la casa detenidamente, le tomó la temperatura, el nivel de ruidos, le miró la cocina, el salón, el baño, el dormitorio... y entonces lo vio. Colgado frente a la cama, había un enorme reloj de pared.
- ¿Y esto? -preguntó el doctor Marclus.
- Me to-có, ¡hip!, en la ri-fa de la, ¡hip!, fe-ria. ¿A que es pre-¡hip!-cio-so? -respondió Mega.
El doctor descolgó el reloj y lo sacó al contenedor para que se lo llevase el camión de la basura.
- Ya verá como ahora se encuentra mejor -le dijo a Mega.
Y efectivamente, a los pocos días, Mega volvió a ser una sompata normal, tranquila y alegre.
Sin embargo, observó algo extraño en su vecino Valti. Valti parecía nervioso, andaba como a saltitos y tenía hipo...


Dibujo de Jorge Antolín Alejo, del colegio Isabel la Católica de Pinto.


jueves 12 de noviembre de 2009

Conclusión

Todo está dicho
y siempre damos vueltas a las mismas cosas:
a la gran obra del clásico,
a la idea con nuevo enfoque,
al melocotón que comeremos,
a todos los bares del barrio,
a la cerradura,
a la cuerda del reloj.

Todo está dicho, sí,
pero cómo no otra vuelta por si acaso.

martes 10 de noviembre de 2009

Shhh...



Después fueron a la biblioteca,
y Willy le leyó un libro a Hugo.

Anthony Browne: Willy y Hugo.

miércoles 4 de noviembre de 2009

Libros que me gustan

De nuevo abro un paréntesis en la frenética actualidad y recupero unos libros infantiles con los que disfruté de lo lindo.


Satoshi Kitamura tiene la habilidad (o el don, o lo que sea) de contagiarme la emoción con que dota a sus personajes; es decir, cuando observo alguno de sus dibujos en mi cara se dibuja la misma expresión que tiene el personaje en cuestión. Me he dado cuenta con el paso del tiempo, cuando he utilizado sus libros para contarlos-enseñarlos una y otra vez desde que los descubrí. Ésa es una de las características principales de su estilo, el dotar a sus personajes de expresiones tan sugerentes que contagian; otra es la de ser capaz de llenar la ilustración de objetos innumerables sin que por ello resulte abrumadora ni sucia ni confusa (un ejemplo de esto último es la fantástica En el desván).
De toda su obra, quiero destacar en esta ocasión una serie de pequeños álbumes donde se aprecia con claridad lo que digo. Me refiero a los libros protagonizados por cuatro animales bastante peculiares: Pato está sucio, Perro tiene sed, Ardilla tiene hambre, Gato tiene sueño, El baño de Gato y Gato busca un amigo. Todos comparten la limpieza del dibujo, la viveza de los colores, la cuidada sencillez de la historia y algún que otro guiño, rasgos que los hacen visualmente claros y atractivos, ideales para lectores de dos o tres años en adelante. Las caras de pato y gato, por ejemplo, son la repera, con perdón.
Por otro lado, el breve texto de cada historia sirve más para que el adulto tenga un hilo lingüístico del que tirar que para otra cosa, porque con el título y un poco de observación la historia fluye clara y sonriente.
La serie está editada por Anaya, en la colección Mi primera sopa de libros.

jueves 29 de octubre de 2009

Sonriente sobre ruedas


Es posible que os crucéis con él cualquier mañana de éstas, por cualquier camino de los alrededores; quizá venga por la vía pecuaria o vaya por el camino de la pista de vuelo. Serán las ocho y pico de la mañana, las nueve a lo sumo; llevará recorridos diez o quince kilómetros sobre su bicicleta roja de cuadro Nishiki, con frenos de disco y cambios Shimano. Lo veréis sudoroso, pero no será eso lo que os llamará la atención, sino su cara sonriente. Llevará casco, mitones y culotte; llevará doloridos el culo, las manos y las piernas; habrá espantado a varios conejos, pájaros y palomas, a alguna pareja de perdices y una urraca solitaria; habrá escuchado el ruido de los animales al emprender la huida o alzar el vuelo; el sonido del viento en la cara, el de su propia respiración, el zumbido inquietante de los cables de alta tensión sobre su cabeza, el más tranquilizador de la tierra bajo las ruedas de su bicicleta roja de cuadro Nishiki con equipo Shimano; habrá superado un par de puentes sobre las vías del tren y la autopista, y pequeños desniveles y cuestas; habrá sorteado con mayor o menor pericia baches, piedras y cacas de oveja; habrá avanzado entre campos recién labrados o repletos de espigas o sembrados de amapolas, según el mes; y lo veréis sonriente pese al esfuerzo y la fatiga y el polvo del camino y el viento de cara y la lluvia repentina. En una hora habrá recorrido unos veinte kilómetros; después, habrá regresado a casa, le habrá dado un agua a la bicicleta roja de cuadro Nishiki y equipo Shimano; se duchará mientras escucha música en la radio y quedará listo para emprender el resto del día. Sonriente, ¿por qué? ¿Por todo lo anterior? ¿Porque todavía es posible disfrutar de todo lo anterior? ¿Por emplear el tiempo y el esfuerzo en pedalear por la tierra que nos rodea abriendo un pequeño paréntesis de soledad en el torrente cotidiano? Quién sabe. Es más, posiblemente ni siquiera él mismo conozca el motivo; posiblemente él se limite a sonreír mientras hace el ofrecimiento: hay que probarlo.


Ilustración del álbum Willy el campeón, de Anthony Browne.


viernes 23 de octubre de 2009

Ediciones Sompatas (IV)

PUESTAS DE SOL POR PONER

La sompata Candra y el sompata Crondo iban al parque del oeste a ver atardecer, cuando se cruzaron con el viejo sompata Vastia, que iba al parque del este para lo mismo. Sabían que últimamente andaba algo despistado, y por eso y porque tenían juveniles ganas de meterse un poco con él, en lugar de decirle que caminaba en el sentido equivocado, decidieron callar, saludarlo cordialmente y seguir su camino.
En el parque del oeste había muchos sompatas sentados en los bancos y tumbados en la hierba y sentados en la hierba y tumbados en los bancos; unos abrazados, otros de la mano, éstos apoyados en ésos, ésos recostados en aquéllos... Todos sufrían la emoción previa a la puesta del sol, fenómeno que por cotidiano no perdía ni una pizca de su poder de seducción y era tratado como un momento solemne de crecimiento y avance en la vida.
En el extremo opuesto de la ciudad, en el parque del este, el viejo Vastia estaba solo, feliz; tampoco esa tarde vería ponerse el sol y, por lo tanto, tampoco ese día terminaría nunca y se añadiría a la lista interminable de días-no-terminados que formaban el gran día de su vejez, larga y feliz vejez, viejo Vastia.

Ilustración de Silvia Santos, colegio Isabel la Católica, de Pinto, 5º curso de Ed. Primaria.

martes 20 de octubre de 2009

Cíclope

Sé que un día ya próximo a éste
algún Ulises arribará a mi isla
y sé también que Ulises ninguno me engañará.
Así que me preparo en vano, según parece...

Pero, ¡ojo!, ¡que Homero sólo hubo uno
y de eso hace ya mucho tiempo!

jueves 15 de octubre de 2009

Curiosidad monstruosa: antes de


Se va a estrenar la película Donde viven los monstruos, realizada a partir del álbum homónimo de Maurice Sendak. Es un clásico indiscutible de la literatura infantil, publicado en 1963, nada más y nada menos, y me parece un claro ejemplo, quizá el mejor ejemplo que recuerdo, de la perfección que se puede alcanzar en la elaboración de un álbum, con una interrelación admirable entre texto e ilustraciones y entre ilustraciones y soporte, que narra una historia de validez universal -o mejor dos: la relación madre-hijo y la imaginación como evasión- y lo hace de forma sencilla, breve y directa, tan atractiva para los lectores infantiles como para los lectores adultos, porque en dos frases retrata el mundo adulto y el infantil cuando chocan y muestra el poder de la imaginación para evadirse del castigo. Las ilustraciones no se limitan a acompañar al texto, sino que van cobrando importancia y autonomía y cobran vida sobre la hoja de papel, saltando barreras, rompiendo límites, llenando por completo la mente del niño que juega, suprimiendo incluso las palabras en el momento álgido de la historia. Me pregunto: ¿reflejará este aspecto la película de algún modo?

A título de curiosidad, la película está dirigida por Spike Jonze (El ladrón de orquídeas, Cómo ser John Malkovich, entre otras) y producida por Tom Hanks; mezcla animación por ordenador con muñecos reales... Pero no es ésta mi inquietud, sino esta otra: uno de los aciertos del álbum -y de la mayoría de los buenos álbumes: Nadarín, Los tres bandidos, A qué sabe la luna, etc.- es la precisa brevedad del texto, así que me vuelvo a preguntar: ¿cómo lo alargará la película para hacerlo si no más, al menos algo interesante?

Y otra cosa más. En el álbum hay un detalle escalofriante, una brevísima intervención narrativa que da un giro monstruoso, literalmente, a la historia: cuando Max decide regresar, los monstruos le piden que se quede y, en un momento dado, le dicen: "Por favor no te vayas -te comeremos- te queremos tanto..." Ese "te comeremos" acotado, dicho por lo bajini, rompe con el tono amable y juguetón que hasta entonces tiene la aventura de Max, esa sola expresión me parece extraordinariamente expresiva, dramática y, lo dicho, monstruosa. Me pregunto por última vez: ¿reflejará ese detalle la película?

Hablaremos después de verla.

martes 13 de octubre de 2009

Ediciones Sompatas (III)


COCIN...ARTE

Cuando el sompata Filandro iba a cocinar, se asomaba a la puerta de su casa y exclamaba todo lo fuerte que podía:
- ¡Voy a echarme una siestecita, que estoy muy cansado! ¡Dormiré por lo menos tres horas!
Después, entraba en casa, cerraba todas las ventanas y contraventanas, bajaba las persianas, echaba las cortinas, y completamente a oscuras, se ponía a cortar zarzos y rondelos en trocitos y tiras, a moler chocolate, a pelar peras, a licuar, mezclar, calentar, enfriar..., todos los ingredientes que se le ocurrían, hasta que, pasadas tres horas, tenía preparados montones y más montones de platos exquisitos.
Entonces, descorría las cortinas, levantaba las persianas, abría todas las ventanas y contraventanas, y fingía sorprenderse al ver a todos los vecinos rodeando la casa con sus platos, vasos y fuentes preparados para recibir su parte del suculento menú.
- ¡Pero bueno! ¿Es que aquí sólo hay gorrones? -Protestaba Filandro mientras repartía las raciones de comida.


El dibujo es de Ana Isabel, de 6º curso de Ed. Primaria en el colegio de Pinto Isabel la Católica.


jueves 8 de octubre de 2009

Los libros y la vida


Si le hubieran preguntado si la lectura había enriquecido su vida habría contestado que sí, sin duda alguna, aunque habría añadido con la misma certeza que al mismo tiempo la había vaciado de toda finalidad. En otra época era una mujer resuelta y segura de sí misma, que sabía cuál era su deber y tenía intención de cumplirlo todo el tiempo que pudiera. Ahora muchísimas veces estaba dubitativa. Leer no era actuar, eso era lo malo. Y a pesar de su edad era una mujer activa.
Volvió a encender la luz, tomó su libreta y escribió: “No pones la vida en los libros. La encuentras en ellos.”
Y se quedó dormida.

Alan Bennett: Una lectora nada común.
Traducción de Jaime Zulaika.

martes 6 de octubre de 2009

Tu huella en el vaso

El vaso con el agua
que te has dejado,
tiene el borde teñido
con tu carmín.

Sobre este asunto bien podría
dar varias vueltas el poema...
Sobre beber
el agua y anegarse,
sobre la purificación...,
o todo lo contrario:
la pureza per se,
el acto de renuncia,
o dejar huella.

Podría dar mil vueltas
sobre ello este poema,
pero no es necesario
pues sólo con nombrarlo
inventa el tema
y lo termina.

(Después, lo lavo con la esponja
suavísima del baño,
en vez de condenarlo a muerte
en el lavavajillas)

jueves 1 de octubre de 2009

Libros que me gustan



Robinson Crusoe
Ilustraciones de Ajubel
Valencia: Media Vaca, 2008


Ajubel recrea sin palabras la aventura del náufrago más famoso de la literatura. Con ilustraciones de trazo grueso y colores intensos, en constante movimiento, jugando con la página como si fuese el mar, el aire, la selva, nos sumerge en la aventura y en los pensamientos del náufrago, y nos deja también sin palabras.
Es uno de esos libros que sirven de ejemplo para afirmar que la literatura infantil no es sólo para niños, sino también para ellos. Sobre eso saben mucho en la editorial Media Vaca y lo aplican en cada obra que publican. En esta ocasión, además, cambian su habitual edición en dos colores por la cuatricomía, lo que da al álbum unas posibilidades visuales extraordinarias.

martes 29 de septiembre de 2009

Ediciones sompatas (II)


EL REGALO

A la pequeña sompata Alanda, gran lectora y mejor jugadora, le ragalaron un juguete por su cumpleaños. No era un juguete violento ni sexista ni didáctico ni racista ni cooperativo ni caro ni pequeño ni barato ni grande ni escandaloso ni útil ni decorativo ni práctico ni de coleccionista ni de comercio justo ni humanitario ni nada. Era un juguete y por eso mismo podía servir para cualquier cosa, o para nada.
Así lo creía Alanda y así de contenta corrió para enseñárselo a su amigo Colós.
- Pero, ¿qué es esto? -se extrañó Colós sin saber por dónde coger aquella cosa.
- Pues qué va a ser -respondió Alanda risueña-, la forma de un poema.


El dibujo es de Alberto Santiago, alumno de 2º de Ed. Primaria en el colegio Isabel la Católica, de Pinto.


jueves 24 de septiembre de 2009

Ediciones sompatas (I)


Bajo este título inauguro una sección infantil donde incluiré, en varias entregas, las aventuras de los sompatas, esos seres que... bueno, ya iréis viendo. Algunas son recuperadas de un antiguo y ya desaparecido blog, otras serán nuevas.
Y en primer lugar, cómo no, habrá que explicar algo sobre ellos:


Los sompatas pueden ser grandes o pequeños, guapos o feos, listos o tontos, de uno o varios colores..., pero todos son

Simpáticos
Originales
Maniáticos
Pacíficos
Amables
Traviesos
Amistosos
Soñadores

Esto no quiere decir que todos los sompatas sean iguales (o sea, que sean patas o estén a patas), no. Esto quiere decir, simplemente, que todos los sompatas son... sompatas.


IRSE DE CASA

Un sompata se hace mayor cuando se va de casa. Esto, que no es ningún error, quiere decir que el propio sompata decide cuándo es mayor, porque en cualquier momento puede independizarse.
Cuando ocurre, el sompata da un beso a sus familiares y sale de la casa dando un gran portazo, ¡blammm! Así, todos los vecinos se enteran de que se independiza y salen a darle la enhorabuena y los regalos preparados para la ocasión.
El sompata busca un lugar donde construir su nueva vivienda. Ha de ser un lugar que no esté ni muy lejos ni muy cerca de los demás. Cuando lo encuentra, dibuja en el suelo con una enorme tiza el plano de la casa y la va construyendo con madera y adobe, y la ayuda de sus amigos. Tarda alrededor de un mes en construirla y cuando termina, organiza una gran fiesta de estreno y agradecimiento, a la que acuden vecinos, amigos y familiares.
Y suele ocurrir que los padres, al ver la casa tan bonita y nueva que se ha hecho, se quedan a vivir con él.

lunes 21 de septiembre de 2009

Duda


La orden llegó a la biblioteca cuando en el alma de Fedina y de sus hombres luchaban sentimientos encontrados: por un lado descubrían a cada momento nuevas curiosidades que satisfacer, iban tomando gusto a aquellas lecturas y aquellos estudios como jamás lo hubieran imaginado; por otro lado no veían la hora de volver con las gentes, de retomar contacto con la vida que les parecía ahora mucho más compleja, casi renovada ante sus ojos; y por otro más, al acercarse el día en que deberían abandonar la biblioteca, se sentían llenos de aprensión, porque debían rendir cuentas de su misión, y con todas las ideas que les brotaban en la cabeza ya no sabían cómo salir del atolladero.

Italo Calvino: Un general en la biblioteca.

jueves 17 de septiembre de 2009

De fiestas y carpas












Es 25 de agosto. Estoy en casa escribiendo este artículo con la música de Sarasate de fondo, interpretada al violín por Ara Malikian. Una gozada de disco, una fiesta…Y hablando de fiestas… (¿Veis cómo he hilado una cosa con otra? A veces no me soporto de ocurrente y hábil) El año pasado por estas fechas informaba de un sentimiento contradictorio hacia las fiestas. Este año el sentimiento es de indiferencia absoluta y viene propiciado por dos acontecimientos: el primero es que a día de hoy no tengo ni idea de las fiestas que vamos a tener este año; el segundo es la carpa. Me explico.
Supongo que la crisis financiera ha mordido en la yugular al Ayuntamiento, lo ha estrangulado, le está haciendo sudar tinta para sacar de no se sabe dónde el dinero necesario para unas luces, unos conciertos, unos toros, unas verbenas… y hasta el último momento no sabrán qué pueden -¿deben?- gastar. Tengo la solución: que las celebren en la carpa. Yo llevo de fiesta todo el año gracias a ella. Vuelvo a explicarme. Frente a mi casa sigue manteniéndose en pie, por encima de pedriscos y aguaceros, la inalterable carpa, la indestructible carpa, la madre de todas las carpas, que vale tanto para un concierto de rock, como para las fiestas del barrio, encuentro de grupos locales, comida para la tercera edad, entierro de la sardina, o fiesta de la tapa… Un espacio temporal y provisional convertido en un auténtico y permanente pabellón multiusos que, sobre todo, sirve para dos cosas: para que me pregunte cuánto costará mantener este engendro en pie todo el año, y para que tema la llegada de los fines de semana, porque vete a saber qué nueva actividad se les ocurre organizar, hasta las doce de la noche, como máximo, eso sí, que la ley es la ley y debemos ser considerados con los vecinos… a partir de esa hora. Optimizando recursos y estrangulando paciencias, que se dice.


P.S.: La carpa de la que hablo está ubicada en la calle Río Guadiana de Parla, en el recinto cerrado del antiguo cine de verano. Lleva tantos años ahí que ya forma parte del paisaje urbano parleño, para mal o para peor. Por otro lado, poco después de haber mandado el artículo al periódico Noticias de tu Ciudad, pude ver por fin el libreto con el programa de las fiestas de Parla (celebradas del 11 al 20 de septiembre), no sin cierta dificultad para distinguir las diferentes actividades de los mucho más vistosos y abundantes anuncios publicitarios, como debe ser, y supe que este año se habían trasladado a la nueva ciudad, más que nuevo varrio, de Parla Este con el consiguiente despliegue de, supongo que éstas sí serán temporales, carpas.

martes 15 de septiembre de 2009

Ciudad

Ciudad, te nombro asfalto,
te nombro ladrillo, hormigón,
y te revelas tan indescifrable...
Sin embargo, Ciudad, tu laberinto
no es de meros materiales,
Ciudad, tu laberinto
lo conforman tus habitantes,
esos mismos que trazan los pasillos,
únicos e imposibles,
en los que ningún hilo puede nada,
ninguna Ariadna ya confía,
pues son la materia del monstruo.