Una vez vista la película Donde viven los monstruos, os cuento mi opinión, que complementa la del post Curiosidad monstruosa: antes de, que podéis leer aquí.Es tal la diferencia entre álbum y película, tanta la distancia, que en este caso más que en ningún otro estaría justificado no comparar nunca, jamás, uno con otra. Sin embargo será inevitable por varias razones: el mismo título, los mismos disfraces, el nombre del escritor en los créditos, las alusiones literales al álbum… En fin, seré breve.
La película no me ha gustado por varios motivos:
- Es aburrida.
- Es una película sobre la soledad, más que sobre la imaginación, como me parece el álbum. Lo malo es que los personajes solitarios -Max y el monstruo Carol- me caen mal.
- La explosión de mal humor de Max me parece demasiado repentina, violenta y sin coherencia con lo que del chico se nos ha mostrado hasta ese momento.
- Es aburrida.
- El viaje de Max es inútil. Para Max y para los monstruos. Nadie aprende nada, nadie crece, nadie cambia.
- Es una ocasión perdida para reflexionar sobre, por ejemplo: para que cambien las cosas no hacen falta reyes, basta con proponérnoslo. Se apunta a esta diana, pero se yerra el disparo o, peor aún, no se produce ningún disparo. El rey de los monstruos no sirve para nada, del mismo modo que los monstruos siguen como estaban antes de la llegada de Max (un gesto final de Carol solamente, vacío de palabras. Lástima).
- Es aburrida.
- La relación entre los monstruos Carol y KW es de jardín de infancia. Ella, KW, se va al parecer porque no soporta su mal humor, pero tampoco es clara sobre sus sentimientos; él, Carol, el monstruo destroza-cabañas, se revela como un histérico iluso de encefalograma plano, incapaz de entender nada de nada y, por supuesto, de cambiar un ápice su actitud.
- No me creo -y entonces no me parece bien empleado- el pasadizo por el cual Max va y viene de un mundo a otro -su embarque y su viaje por mar-, ni el momento de inflexión en que el tiempo cronológico (Max y su madre) y el de la ficción (Máx y los monstruos) se tocan y conectan.
- Cuando veo al monstruo Carol moverse y gesticular, no puedo evitar imaginarme todo el rato a Don Pimpón, aquel vecino viajero de Espinete en Barrio Sésamo.
- Es aburrida.
- La perfección digital del cine actual pasa factura a los monstruos de disfraz y los hace demasiado teatrales, con lo que, en este caso al menos, el tono de la película se viene abajo.
- Si a un monstruo le lanzan una bola de barro y le hacen una herida, no puede ser que luego le arranquen un brazo y sólo se entristezca por ello. Peor aún, ¡¡¡no puede aparecer después con un palito clavado al costado como si fuese un bracito atrofiado!!!
- Sólo la monstruo Judith se salva de tanta tontería. Es la única que muestra algún ramalazo verdaderamente monstruoso, pero sucumbe a la dejadez del resto.
- Es aburrida.

Y la frase inquietante del álbum: "Por favor no te vayas -te comeremos- te queremos tanto...", en la película la dice, adaptada, la monstruo KW: "te comería, te quiero tanto...", y me parece más relacionada con comerse a besos a alguien que a mordiscos. Es decir, que no entiendo el empeño por citarla, la verdad.


































