domingo, 11 de septiembre de 2016

Aprender cansa


Una cosa que he aprendido durante estos meses de no gobierno es que uno puede tumbarse a la bartola, puede no intentar absolutamente nada para alcanzar acuerdos y conseguir apoyos, y a cambio alcanzarlos y conseguirlos. Y esto me recuerda que he aprendido otra cosa: lo bueno de autoerigirse en habitante del centro político es que se puede pactar indistintamente con la izquierda y con la derecha más próximas, sin rubor ni reparos, porque, como dice el chiste, soy un hombre de principios, tengo muchos, así que si no te gustan éstos, tengo aquéllos; lo cual me lleva a otra cosa que he aprendido y que no quiero olvidar: no importa lo que uno haya dicho hace unos meses (nunca apoyaremos al PP si Rajoy sigue siendo Rajoy), como no importa lo que otro haya hecho durante muchos años (sé fuerte, Bárcenas, te admiro, Rita, os quiero, amigos del partido que me aportáis tanto, sobre todo en B), porque los votontos, digo los votantes olvidamos pronto o, peor, aceptamos con indiferencia legendaria a Diego donde se dijo digo. Y con esto caigo en la cuenta de otro aprendizaje: los partidos que surgieron con la necesidad urgente de regenerar la política patria han relajado el nervio una vez incluidos en el circo, digo en el cerco de la arena parlamentaria y ni Podemos puede gran cosa, en vista de su limitado juego de cintura con el PSOE y su pobre alianza con IU, ni Ciudadanos quiere cosa grande, puesto que ha elegido formar parte del gobierno, de cualquier gobierno, y eso pasará factura... ¡Ahí va!, entonces ha hecho bien, porque se ha aliado finalmente con el mejor maestro y, ahora, con aprender a caminar deprisa, comparecer despacio, meter la mano, sacar tajada y tumbarse a la bartola, lo tendrá chupado para superarlo. Lo cual me recuerda que chupar comparte significado con absorber… Ya veremos quién a quién. Agotador.




martes, 6 de septiembre de 2016

Desde la bici (XXXIV)


6 de septiembre de 2016. Entre Parla, Fuenlabrada y Humanes. 8-9 am.




Soy sombra de mi sombra,
ella me arrastra,
ella es mi cuerpo.



viernes, 2 de septiembre de 2016

La biografía de Luis Rodríguez


Novienvre
Luis Rodríguez
Tropo Editores, 2016


Estás pasando unos días de vacaciones en una ciudad cualquiera (bueno cualquiera no, mejor que sea una ciudad agradable, bien situada, con alrededores atractivos, como los valles pirenaicos, por ejemplo) y coincides con una feria del libro local, sorprendentemente bien nutrida de casetas, editoriales, librerías. Paseas por ella y te detienes ante el mostrador de una pequeña editorial cuyos libros te llaman la atención, por la buena pinta que tienen, por las cubiertas tan bien ilustradas. Ojeas alguno, el editor te explica, intercambiáis comentarios, te llevas un libro y te regala otro.
Semanas después lees el libro comprado, una novela corta, género que tanto te gusta, dejando el prólogo de Ricardo Menéndez Salmón para el final. Te gusta la historia de Luis Rodríguez (autor, narrador y protagonista comparten nombre), desde la infancia en el norte peninsular, con las referencias precisas y gráficas a la vida en un pueblo, hasta la edad adulta, con la personalidad conformada y las responsabilidades al acecho. Te gusta esta historia de crecimiento personal, de antihéroe poco atractivo y -casi- nada ejemplar, de referencias a una sociedad algo gris y triste.
Te gusta el estilo, las frases cortas y contundentes, las referencias humanas, los capítulos cortos, las rupturas de la linealidad, los vacíos, los personajes, el final... Te gusta la edición, cuidada, pulcra, bien hecha, y el objeto libro, el tamaño, el papel. Te gusta Luis Rodríguez y te gusta Tropo Editores.
Te gusta comprobar, de nuevo, que el tamaño de una editorial no tiene nada que ver (y no debería tenerlo) ni con la calidad de su catálogo ni con la de sus criaturas.



martes, 30 de agosto de 2016

La vida de Carlos Álvarez


Los sueños, el amor, las intenciones
(Obra poética completa)
Carlos Álvarez
Edición de José Luis Esparcia
Adeshoras, 2016



Debería ser uno de los acontecimientos editoriales del año, pero es muy posible que la edición de las poesías completas de Carlos Álvarez pase desapercibida. Los motivos serán dos, casi tres: uno, que nunca ha sido un autor presente en el candelero; dos, que el trabajo lo ha hecho una pequeña editorial, y casi tres, que hablamos de poesía y ya sabemos lo que pasa con eso en los medios de comunicación, que o se remedian los dos primeros motivos o no hay nada que hacer.
Pero no importa demasiado si al final hay alguien que esté dispuesto a jugarse los cuartos para desarrollar el trabajo que quiere y cree que debe desarrollar. Así, los lectores de poesía estamos de enhorabuena gracias a Susana Noeda, la responsable de la editorial Adeshoras, que ha hecho un trabajo de calidad, cuidado y serio, y a José Luis Esparcia, responsable del trabajo, inmenso, de recopilación y edición literaria. Ambos, junto con el autor, han sido capaces de reunir en estos dos volúmenes los poemas de Carlos Álvarez publicados en libros desde 1964 hasta 1993, fecha en la que decide dejar de escribir. Son, pues, poemas de un ciclo cerrado, de una trayectoria vital de treinta años, imprescindibles para conocer y sentir una etapa de nuestra historia y nuestra sociedad. Son también, como su autor, poemas viajeros y rebeldes, crecidos al margen del poder y los poderes, testimoniales además de políticos y comprometidos, incluso juguetones a veces.
El título ya recoge los tres pilares sobre los que se asienta la poesía de Carlos Álvarez. Los sueños de una vida en común, solidaria y respetuosa, sin tiranías ni abusos; el amor, la vertiente íntima y más personal, y las intenciones, el grito y la denuncia, el compromiso y la lucha. Y en el interior, el lenguaje sencillo y “normal” acerca la poesía a la calle, a la casa, a la persona, pero transmitiendo sensaciones nada sencillas, porque afectan a ideas, circunstancias, hechos y personas que nos recuerdan que somos seres sociales a la vez que individuales y estamos obligados a ver, oír, hablar, pensar... nuestra situación en el tiempo y el espacio.

Doy las gracias a los responsables por la iniciativa y pido a los lectores correr la voz, porque publicaciones como ésta son tan raras como valiosas y no deben pasar desapercibidas.

Y acabo con un poema dedicado a Blas de Otero, del libro antológico Como la espuma lucha con la roca (1977), que incluye poemas no aprobados por la censura en libros anteriores. Es un poema que, a mi juicio, resume la actitud del poeta -y quizá también del lector- frente a la poesía y la vida:

Un poema sin sangre
no es posible
cuando en la tierra hay sangre.

Canción sin barro
no la canta
pueblo color de barro.

Palabra sin semilla
no la dice
quien con el pueblo siembra la esperanza.



sábado, 27 de agosto de 2016

jueves, 25 de agosto de 2016

Libros que me gustan: 2 abecedarios


PanAbcdario
Ana Rosetti
Ilustraciones: Carlos Pan
Edición: Torremozas, 2014

Cada letra es excusa-motivo para desarrollar una historia, plasmar un instante, expresar una sensación, que las ilustraciones convierten en poema visual con letra y hombrecillo actuando sobre ella.


J

Jirones caídos
de palabras viejas
que ya nadie usa
y nadie recuerda.
Alguien va buscando
entre lo que queda,
pedazos aún vivos
para hacer poemas.



Poemas alfabéticos para días ñuviosos
Nuria Gómez de la Cal
Ilustraciones: Guiomar Pellejer Zaera
Edición: Torremozas, 2015

Cada poema está compuesto por palabras que empiezan por la letra en cuestión. Las ilustraciones son composiciones gráficas que integran la letra en un poema visual sugerente y creativo.


Herida

Herida de habitar tu helada hombría,
harta de honestidades de hojalata,
husmeo entre los halagos herrumbrosos
y no hallo un hombro hermano hospitalario
donde hacinar mis hambrientos huesos.
El horror que te honra me humedece,
y me hace hoja harapienta entre la hierba,
mientras las hadas hunden, homicidas,
sus hachas de hormigón en mis heridas.





domingo, 21 de agosto de 2016

Vivir, leer


Porque el olor del libro es la quintaesencia de todos los olores, la geografía del héroe, el tópico de la quietud y los bosques nemorosos. Todo libro es pasaje. Cuando abro un volumen y aspiro sus páginas, ya no estoy allí. Mucha gente no puede entender que Tucídides huela a aurora de islas griegas, pero es así. (Nunca he estado en Grecia, pero mi convicción es irrefutable precisamente porque es irracional). Se puede vivir sin leer, es cierto; pero también se puede vivir sin amar: el argumento hace aguas como una balsa capitaneada por ratas. Sólo quien ha estado enamorado sabe lo que el amor regala y quita; sólo quien ha leído sabe si la vida merece la pena de ser vivida sin la conciencia de aquellos hombres y mujeres que nos han escrito mil veces antes de que naciéramos. Y que nadie se sonría ante estas líneas. Por una vez, y sin que sirva de precedente, han sido escritas sólo desde la emoción.


Ricardo Menéndez Salmón: El corrector (Booket, 2010)