viernes, 29 de diciembre de 2017

Dos nuevos libros


Coinciden en el tiempo dos nuevos libros míos. Son dos propuestas diferentes, muy diferentes, tanto por el género, como por los destinatarios y los canales de difusión.
Uno es un poemario escrito a medias con otro autor, Eugenio Ayllón, e ilustrado en blanco y negro por Antonio Cerrato. Su título, Sobre la mesa, dos tazas. Cuaderno de retos. Es un libro para lectores adultos, fruto de muchos martes de retos poéticos, café y charla matinal, editado estupendamente por Susana Noeda, responsable de la editorial Adeshoras. Este libro se puede adquirir en cualquier librería y a través de la web de la editorial.

Os dejo aquí una muestra, con ilustración en color: 

GRIFO QUE GOTEA (HAIKU)



Gotea el grifo
como un reloj doméstico
de tiempo en fuga.
(Carlos)

Sueño utopía
que un gran grifo gotea
sobre Etiopía
(Eugenio)





Otro se titula Vida sompata (título coincidente con un libro anterior, editado por la Diputación de Cuenca, y que he decidido sea recurrente para todos los que pueda escribir alrededor de estos seres simpáticos, originales, maniáticos... sorprendentes, que son los sompatas). Es un libro infantil, recomendado a partir de 8 años, editado en la colección La Vaca Voladora de Ianua Editora. Más modesto que el anterior, también está ilustrado en blanco y negro, pero la autora es teste caso es Mari Carmen Llanas, una maestra extraordinaria, ya jubilada, que conocí por medio de mi amigo Carlos Candel y que ha plasmado su personal visión de los sompatas de manera, a mi juico, original y emotiva. Contiene diez aventuras que comparten la visión del mundo limpia y sencilla, a la vez que propensa a la extrañeza y al humor.
Este libro sólo se puede adquirir en Amazon o con petición directa al autor o al editor.

Os dejo aquí una se sus aventuras, con la ilustración en color: 

CADA MAÑANA

El sompata Robelús sale de casa con nervios. No sabe por qué, pero siempre sale de casa con nervios. En cuanto pisa la calle siente un latigazo que le sube desde el zapato hasta la gorra, atravesando todo su cuerpo, y ya no hay forma de parar. El latigazo lo desequilibra y para no caerse se agarra a lo primero que pilla, que resulta ser un sompata grande y gordo de color morado, llamado Glorio y que además es su padre.
Cuando Robelús se agarra a Glorio, ambos se elevan por el aire como si fueran dos globos siameses. Pero antes de que se alejen demasiado hacia la atmósfera, la sompata Mirilla, famosa por su buena puntería -y por ser madre de uno y esposa de otro-, les dispara una flecha que les da de lleno y los va vaciando de aire.
Y, claro, no bajan hacia la tierra, sino que salen disparados en todas direcciones, hasta que se vacían del todo y caen en medio de una selva llena de peligros, como el temible Chupolor, que se alimenta de sompatas miedicas, a los que les chupa el color hasta dejarlos transparentes; o la feroz Atizasca, que salta sobre su presa y de un zarpazo le pinta todo el cuerpo de gris, cosa que a los sompatas les da pavor, porque odian el gris, color sinsustancia y triste como un día sin sol ni música.
Robelús y Glorio se camuflan con hojas y barro y logran salir de la selva sin demasiados apuros. Pero ahora se encuentran en medio de un feroz combate entre los somperros y los gapatas, que luchan por el tesoro de la montaña Tamaña. Somperros y gapatas combaten a gritos, rugidos y maullidos, cada cual más insoportable, hasta que uno de los dos bandos se rinde porque no oye nada de nada.
Robelús y Glorio se tapan los oídos con las manos y corren, corren como liebres hasta el otro extremo del campo de batalla, hasta que se alejan tanto que dejan de oír los gritos, los rugidos y los maullidos.
Entonces regresan al barrio y descubren que han llegado a la escuela.
Al despedirse, Robelús da un beso a su padre Glorio y le dice:
- Jo, papá cada día cuentas historias más alucinantes. Lástima que el trayecto sea tan cortito. 

viernes, 22 de diciembre de 2017

Más poesía, por favor


A finales de noviembre aparecieron en algunas calles de Parla unas pintadas que invitaban a la reflexión o, al menos, a la curiosidad. Pintadas sobre el asfalto, con plantilla y letra mayúscula, cuyos mensajes llaman la atención: “Crea tu propio uni-verso”, “Cuidado con lo que pisas, podría brotar”, “Tal vez sea hoy cuando florezcan nuestras alas”, “Calles de barro, semillas de futuro”, “Anda y cuéntame”, “Llegar comienza con un paso”, “Y los muros comenzaron a contar historias”, y el que parece ser el lema de la intervención, “A Parla, a amarla”. Todavía pueden leerse, incluso se ha creado una página en Facebook bajo el nombre de Señales de Liberación Poética, donde se explica la intención del colectivo. Es un hecho que ha pasado prácticamente desapercibido, como suele ocurrir con estas cosas, y apenas tiene impacto en el paisaje urbano de nuestra ciudad. Sin embargo, ahí está, y eso es lo importante. Alguien ha decidido que merece la pena sembrar, aun someramente, las calles con estas frases/versos y contribuir con ello a difundir, aun someramente, una visión positiva, emocionante y extraña de la ciudad, la vida y el mundo. Imagino que, con una lógica parecida pero opuesta, los mensajes podían haber sido de otra naturaleza: “Cuidado con lo que pisas, te lo puedes llevar a casa”, “Calles de barro, ciudad de mierda”, “A Parla, ni se te ocurra”, “Corruptos al par... a prisión”... De hecho, hace un año más o menos aparecieron amenazas e insultos despreciables, fascistoides y cobardes en las viviendas de algunos representantes políticos. Afortunadamente, la gente que está detrás de Señales de Liberación Poética parece apostar por otro tipo de provocación, la poesía, por limpiar algunas calles con sus pintadas, por levantarnos la moral invitándonos a bajar la mirada al suelo. Espero que haya más... Y no estaría mal que el equipo de gobierno tomase nota... bueno, o sí, vete tú a saber, porque con la política cultural que viene desarrollando hasta ahora, sería capaz de hacer aún más invisible lo inexistente.





domingo, 17 de diciembre de 2017

Cuento


SPIN-OFF

El rodaje se interrumpió durante un mes por problemas técnicos. La pareja protagonista, que tan bien había conectado y tanta compenetración había demostrado en el plató, decidió pasarlo en la playa, juntos. A nadie sorprendió la decisión. Si en el plano personal la conexión entre ambos resultaba parecida a la transmitida en el trabajo, podría hablarse sin duda de una larga y feliz relación. Además, si su romance furtivo se filtraba debidamente a los medios, podría dar un empujón mediático a la superproducción, algo muy conveniente en vista del panorama de los últimos años. La gran suma de dinero y medios invertidos, con los últimos avances en tecnología 3D y efectos especiales, los músicos más prestigiosos para ejecutar la música más grandiosa, los exteriores más exóticos…, en definitiva, la enorme inversión confiada al proyecto, en un momento en el que el cine parecía no tener consolidado nada de lo que se le había presupuesto ya definitivo y exitoso, justificaba la llamémosla licencia de filtrar a los medios el romance de Pola Swanson y Charles Keaton.

No les resultó fácil desprenderse del poderoso influjo del rodaje y los primeros días parecían la prolongación de cualquiera de las escenas que compartían en la película. La extrañeza de hablarse y moverse inmersos en un espacio real y no ante el croma de fondo habitual les pareció incluso divertido y eso también alentó los frecuentes e intensos momentos de sexo en el hotel, la playa, el coche.
Al principio, y como parte de una broma compartida, avanzaban por el día construyendo la conversación con frases del guion; luego, ampliaron el repertorio y, demostrando gran habilidad y buena memoria, se daban la réplica utilizando frases de otras películas, e incluso llegaron a desafiarse para comprobar si conocían la película a la que pertenecía cada frase.
Los días se desplegaban como un nuevo juego en tecnicolor, con banda sonora y guion imprevistos, que se completaba con la evocación de eficaces efectos especiales y la admiración mutua desde diferentes planos. Todo para follar con la entrega y la devoción que sus hermosos cuerpos merecían. Se sentían protagonistas de una nueva, clandestina y tórrida película y gozaban, como nunca antes habían gozado, exhibiéndose ante los fotógrafos que los seguían con torpe disimulo y a quienes fingían no ver. Al menos así fue durante un par de semanas.
Porque se les fueron agotando las citas y fueron instalándose en la realidad exterior, donde la música sólo sonaba si era invocada por medios tecnológicos o humanos y perseguida allí donde habitaba. Los efectos dejaron de ser especiales y eficaces. El sexo se cubrió de una pátina sutil de rutina. El blanco y negro sustituyó al color en sus ojos y en sus bocas.
Apenas hablaban ahora. Habían descubierto que compartían poco o nada que no fuese cine. Sus gustos y sus preferencias fuera de ese ámbito parecían fuerzas que tiraban de ellos en sentidos opuestos, alejándolos irremisiblemente.
Al finalizar el mes, Pola Swanson y Charles Keaton, se habían convertido en dos personajes de una película muda.

Después de los saludos, las noticias y las instrucciones, la maquinaria cinematográfica se puso de nuevo en marcha. Pero algo no funcionaba como debía. Es decir, algo no era como se esperaba. La pareja protagonista no era la misma. La compenetración se había modificado y las chispas que saltaban cuando dialogaban habían desaparecido. Ahora sólo se percibía intensidad y conexión en el silencio, en las miradas y los gestos compartidos, en los orígenes olvidados… El desastre parecía inevitable. Y carísimo. Por fortuna, la tecnología resultó eficaz y disimuló con éxito estos pormenores.


sábado, 18 de noviembre de 2017

¡Ah, político!


Podemos vivir plenamente siendo ajenos a un montón de cosas: a Dios, al arte, a la lectura, al tabaco, a la vida de mi vecino, a la bebida, al colapso del planeta, a la moral, a la justicia... Independientemente de las consecuencias, de nuestro esfuerzo o de vete tú a saber qué otras circunstancias. Pero no es posible vivir siendo ajenos a la política, no es posible, ni siquiera declarándonos antisistema o yéndonos al último rincón del planeta, porque aunque ignoremos la política, ella no nos ignora y un día el suelo del último rincón del planeta queda recalificado o desafectado y se transforma en un hotel de lujo del que somos expulsados bíblicamente y devueltos al resto del mundo, donde... y vuelta la borrica al trigo. No, la política somos todos, sin remedio, y nuestra vida no puede sustraerse a ella. Nuestro trabajo y nuestro salario, nuestros impuestos y los servicios, nuestra boda, el parto, el pan, las aficiones, las convicciones, la muerte..., todo es semilla y fruto de la política y, por si esto fuera poco, todo es material fungible de su temible encarnación: los políticos. Decir que somos apolíticos es tan absurdo e infantil como cerrar los ojos y creer que al no ver no somos vistos. Bueno, en realidad, decirlo no es más que la expresión de un deseo, lo infantil es creerlo, porque nuestras acciones, nuestras palabras y nuestras omisiones incluso, son actos, palabras y omisiones políticos, hacemos política sin querer, somos seres políticos. Y por esto resulta tan triste y doloroso comprobar que la encarnación de esa realidad fieramente humana, los políticos, resulte con excesiva frecuencia tan despreciable, tan perversa, tan bastarda, tan corrupta, tan ciega, tan sorda, tan sucia, tan ridícula, tan... apolítica. El motivo quizá sea precisamente esa naturaleza ineludible, que acaba haciéndola insensible para la mayoría y objeto de deseo para tipos avispados de varia ralea. Sí, creo que lo pronunciamos mal, no decimos apolítico, sino “¡ah, político!.



miércoles, 11 de octubre de 2017

Cuentas pendientes


Tras cuarenta y dos años desde la muerte del dictador, que gobernó durante treinta y seis, tras varias generaciones de ciudadanos democráticos, tras la estabilidad que debería dar una democracia cuarentona… Tras todo esto, parece mentira que todavía nos queden tantas cuentas pendientes, unas cuentas tan básicas pero tan necesarias como la de la recuperación de la memoria histórica, la reforma de la Constitución libre ya del peso de una transición interminable, el saneamiento de los poderes, los partidos y las administraciones, la de una política educativa por encima de todas las cosas, la aún pendiente consolidación en materia de igualdad… Parece mentira que estas cuentas sobre la vida en común todavía estén pendientes en un país desarrollado y con todos los recursos suficientes para llevarlas a cabo. En este sentido, es asombroso que aún seamos incapaces de asumir la idea de país plurinacional vivo, activo, que va a necesitar de revisiones periódicas. Es asombroso que no comprendamos que la pertenencia a una de esas nacionalidades, o a varias, no se define por oposición a ninguna de las demás, ni siquiera a esa que las aglutina. Mi españolidad no se define por oposición a tu catalanidad, vasquidad, galleguidad, y viceversa, claro. Ser español y o catalán y o vasco y o gallego, significa habitar un país cambiante, construido sobre las placas tectónicas de las nacionalidades que de vez en cuando chocan y sacuden el suelo que pisamos. Es inútil negar la evidencia y hay que trabajar para construir relaciones a prueba de seísmos. Y para ello necesitamos, vuelvo a repetir, dos cosas: ser ciudadanos maduros, educados, informados, críticos, y tener políticos de altura, nuevos, a poder ser, dispuestos a llevar a cabo lo que tanto necesitamos: regeneración, honestidad, compromiso, responsabilidad y profesionalidad. ¿Lo segundo parece difícil? Pues lo primero, uf.



jueves, 7 de septiembre de 2017

Verano caliente


Sin duda, este verano se ha ganado a pulso la etiqueta de verano caliente. Las altas temperaturas, que empezaron en junio si no mayo, los incendios forestales, el aumento de embarcaciones con refugiados y emigrantes (perdón por el joven arcaísmo, pero el término “migrantes” no termina de convencerme aún), interceptadas en el Mediterráneo o arribadas a nuestras costas, el atentado de Barcelona, el maremoto de comentarios en redes y medios a partir de dicho atentado… Sí, sin duda es un verano caliente, tan caliente que no lo enfriaría ni Ana Obregón con uno de sus añejos posados. Y cada factor actante en las altas temperaturas sugiere un serio problema de fondo. Podríamos hablar, en el mismo orden de arriba, de evidente cambio climático; de intereses urbanísticos o industriales; de pobreza, guerra, indecencia política o globalización perversa; de la religión como excusa y coartada, y, por último, del grave problema de incontinencia verbal, más el gravísimo problema de imbecilidad profunda y extendida (sin perdón que valga) que desvela la desaforada actividad en las redes y los medios. Y todos esos problemas de fondo se pueden reunir en dos, que realmente es uno solo, pero que mantengo en dos por los tiempos, ya veréis: educación y empatía. Necesitamos como el comer y el leer educación; educación, esa cosa que nos llenará el depósito personal de cultura, conocimiento, crítica y empatía, pero que lleva tiempo, esfuerzo y políticos de altura; y necesitamos empatía, esa otra cosa que nos da el tremendo superpoder de ponernos en el lugar del otro, la otra, incluso lo otro, para intentar conocer su sentimiento, su personalidad, su circunstancia, y así perder el miedo y la cobardía, porque podríamos ser él, ella, incluso ello. Y esto se puede intentar ya, basta detener la mano y la lengua un instante para pensar y hacerse preguntas… Bueno, finalmente creo que se trata de esto, de ser capaces de pensar y hacernos preguntas, en lugar de acomodarnos en las respuestas, las confortables respuestas.


jueves, 31 de agosto de 2017

Libros que me gustan




Capital
Afonso Cruz
Editorial Juventud, 2017


Al niño le regalan un cerdito-hucha. En él mete sus monedas. El cerdito lo acompaña a lo largo de su vida, se convierte en una presencia constante en todos los ámbitos, crece con él y aumenta su voracidad a la par que su tamaño, hasta el sorprendente final.
Este ábum ilustrado, sin palabras, con ilustraciones a doble página, a sangre, combinando collage con dibujo, sobre fondos de colores planos, es una feroz crítica al sistema económico que le da título y consigue, con la metáfora del cerdo-hucha y su evolución a lo largo de las páginas como hilo conductor y auténtico protagonista, emocionarnos y sorprendernos, combinando magistralmente la aparente frialdad de las ilustraciones con las terribles asociaciones que hacemos gracias a una selección de elementos y escenas realmente eficaces. 
Es admirable ver cómo Afonso Cruz es capaz de contarnos sin palabras la voracidad del dinero, que no se detiene ante nada ni nadie, no tiene dueño y nadie puede finalmente ponerle freno... Hasta el final. El final, hiperbólico y sorprendente, remata perfectamente la historia y contribuye a hacer de este álbum una obra absolutamente recomendable.
Lo malo es dónde ubicarlo en la biblioteca, porque es infantil, sí, pero es impensable que un adulto pueda perdérselo.




Para ver la ficha de la editorial, con enlace al blog del autor, puedes pinchar aquí.





martes, 29 de agosto de 2017

Espejo. Poema



Aunque no lo publique, sigo trabajando en un nuevo libro de poemas; despacio y con pausa, pero suma y sigue. 
Éste es una muestra curiosa. Salió así, del tirón, y así lo muestro.
Lo llamaremos Espejo, por ahora. 

ESPEJO

Nos miramos y vemos
los rostros contrariados de los nuestros,
inquietos en sus tumbas polvorientas
por culpa del prejuicio,
del prejuicio, ya ves, que atenaza 
y dirige enceguecido
nuestra conducta en el redil,
redil que nos protege -eso creemos-
del enemigo que llevamos dentro
y que ignoramos
a conveniencia.
Negamos la memoria,
como el conocimiento
o la curiosidad.
Nos sentimos más cómodos
(a aparentemete seguros)
marcando y repasando diariamente
las lindes del redil,
de nuestra cárcel
camuflada de casa,
para que no parezca lo que es,
el templo al miedo
donde nos congregamos
en nombre de unos dioses inventados
para ocultar -sin conseguirlo-
los nombres en las tumbas polvorientas
de los nuestros, los mismos que los suyos.


martes, 25 de julio de 2017

Cuento del laberinto


Sobre la construcción del gran laberinto que es el mundo hay dos teorías. Una dice que se construyó de dentro hacia fuera y que el arquitecto desapareció en el momento en que quiso comprobar la calidad de su construcción, introduciéndose en él para alcanzar el centro y, después salir, sin éxito. Otra dice que fue construido desde fuera hacia dentro y que el arquitecto quedó atrapado en su interior, incapaz de hallar el camino de salida, perdido para siempre. 
¿Y nosotros, entonces? Nosotros, entonces, somos habitantes del laberinto, aun sin saberlo, criaturas también creadas por el arquitecto o, llevando a lo absoluto la idea, quizá seamos a la vez el arquitecto, el viajero curioso y el monstruo despiadado. Porque todo es uno y todo es lo mismo… Sin embargo, George L. Bourgeois, erudito autor de la famosa Crestomatía de las proporciones (Buenos Aires: Libro de Arena, 1986), propone otra teoría al respecto. El laberinto que es el mundo no tiene uno, sino múltiples centros, infinitos podríamos aventurar, y el arquitecto no es uno, sino muchos, tantos como habitantes. Todo lo que el mundo contiene es susceptible de convertirse en un nuevo e inexplorado callejón que se abre en el intrincado diseño de ese laberinto que, de ser comparado con alguna otra realidad, sería una caja china de dimensiones cósmicas cuya primera capa, o capa exterior, es inalcanzable, porque el mundo, no lo olvidemos, es parte de otro mundo que a su vez forma parte de otro… Cualquier reproducción, a escala o no, literal o figurada, total o parcial, no deja de ser uno de esos nuevos pasajes por donde nos podremos adentrar con la fingida intención de salir o alcanzar el centro, objetivos que hace tiempo se han convertido en opuestos e idénticos, porque todo es uno y todo es lo mismo
Mi vecina Felicidad, Feli, me mira a los ojos, furiosa, me lanza el folio a la cara y sale de casa exclamando, vete a hacer puñetas, Carlos, para este viaje no hacen falta alforjas, escribe de política, que, aunque harta, al menos se entiende, concho.



domingo, 23 de julio de 2017

Los ríos perdidos (III)




MAR DE AZOTEAS

En esta otra ciudad de las alturas,
la trazada pord palomas, cielos, azoteas,
habita el escritor que,
siempre indeciso, 
siempre volviendo,
dará, ahora sí, por fin
finalizada finalmente
la obra de su vida arrojadiza.

Su público entregado aplaudirá 
la decisión alzando el vuelo, 
batiendo alas
evolucionando
sobre el azul, las antenas, las miradas,
y cagando a la vez sobre esa otra
ciudad que habita abajo,
junto a los restos.



viernes, 21 de julio de 2017

Haiku roto


Desde mi sombra
el mundo es todo cielo
excepto yo... 
o sea, el tipo este que me crece por los pies y me lo tapa todo...


jueves, 20 de julio de 2017

Los ríos perdidos (II)



VAPOR


En mi memoria el río es la ciudad
y la ciudad prolonga el río
en sus calles, sus plazas.
La lluvia sincroniza
el agua y el asfalto
en un continuo líquido y grisáceo
por donde asoman
los sonidos selváticos,
–mecánicos, pensados y animales–,
que acechan al explorador 
durante y después de la aventura.

Hay días en que basta 
evocar la ciudad o el río,
para sentir de nuevo el barco 
y su vapor 
anegándolo todo en la memoria.

Hay noches en las que subimos 
a bordo y navegamos
por el cauce intrincado
hasta llegar al mar, al cielo,
para inundarlo todo una vez más.

Hay noches con sus días 
en que esperamos
desesperadamente ansiosos
el abordaje del navío 
que nos adentre…



martes, 18 de julio de 2017

Los ríos perdidos (I)


Con el permiso de Carlos Ollero, autor de los relatos que forman el libro, y de Inés Beckmann y Jaime Jacynycz, autores de los montajes fotográficos, os muestro el primero de los tres poemas que he escrito a partir de tres de las ilustraciones que acompañan a los correspondientes relatos.

El libro es Los ríos perdidos y lo ha editado Adeshoras hace unas semanas.
Podéis echar un vistazo a la reseña del libro en la página de la editorial aquí.




LOS RÍOS PERDIDOS


A toda velocidad huimos,
noche tras noche,
de la misma ciudad
que al día siguiente
nos vuelve a vomitar sobre el asfalto, 
para ponernos a merced
de unos dragones
que, bajo la apariencia de seres protectores,
demandan nuestra sangre virgen
y nuestro esfuerzo mal remunerado,
para su gloria.

A toda velocidad, noche
tras noche, olvidamos que mañana
acudiremos 
sumisos a la cita
con el dragón y su regazo amable.



lunes, 26 de junio de 2017

Preámbulo a un cuento de verano


Mi vecina Felicidad, Feli, irrumpe en casa con violencia y por sorpresa, y con una cazuela de coquinas recién hechas. Está harta, dice. Vaya racha que llevas, le respondo. Tú, a callar, me replica, tú escríbeme un cuento de verano y déjate de políticas, hombre, ya está bien de tanta palabrería, tanta corrupción, tanto incumplimiento, tanto tonto suelto… Nos miramos desafiantes y recitamos a coro y a gritos el monólogo de Les Luthiers: “No juegues con mi paciencia, detén tanto tonto intento, detente, tenme contento, o atente a las consecuencias. Mantente atenta y solícita; mientras tanto, nada intentes, no me tientes a que atente contra tu integridad física”. Nos reímos, claro está, imaginamos a Rajoy recitándolo y decidimos brindar por todas esas cosas indeseables que nos rodean. Con esa intención vamos a la cocina a por una botella de vino. Elegimos un blanco extremeño, Habla de ti, seco y aromático, que irá muy bien con las coquinas.
Por los plenos interminables, los planes incumplidos, las mociones absurdas y las menciones inútiles, enumero yo. Por los concejales huidizos, que abandonan la lista por la que se presentaron y fueron elegidos, pero se aferran a su acta de concejales porque si no se quedarían en paro, los pobrecitos, y eso si que no, porque si la política no sirve para buscarte la vida, dime tú para qué va a servir, no querrás que sirva para dignificar nada ni a nadie, ¿verdad?, se explaya ella. Por los púnicos y los colaboracionistas que tan a gusto viven en la oposición a pensión completa y sin oponer una m… Y por el PP de Parla, el PPP, que parece el balbuceo premonitorio de quien no va a ser capaz de arreglar una m…, ella. Por la deuda, que crece cada día más hermosa y rolliza y pagará quién sabe quién, yo. Por los planes de ajuste que no ajustan una m…, ella. Por las m… que se nos acumulan, yo. ¿Y el cuento, Carlos? El mes que viene, Feli.


sábado, 17 de junio de 2017

Islandia


y VIII

Cuando el cielo nocturno
se deslíe en auroras
y comienza la danza de los velos,
la ciudad desaparece
y el individuo, diminuto,
arma el trípode y dispara
su desmemoria.



martes, 13 de junio de 2017

Islandia


VII

El coche parece
una cápsula
vertiginosa y panorámica.
Basta cambiar de ventanilla para ver
el mar la nieve
la lava la montaña
tanta agua
el cielo más azul las nubes
más espesas
los rostros admirados de
los pasajeros
y sus ojos como bocas como ojos como platos.



martes, 6 de junio de 2017

Islandia


VI

No hace falta castillo, ni iglesia,
ni siquiera río, camino, puerto, para
formar un pueblo,
porque esta isla sólo reconoce un centro
y está bajo la tierra.

El mapa lo traza el viento
y en él habitan las personas,
dispersas como la lluvia, 
o como la ceniza,
o como esos cuervos siempre alerta.





jueves, 1 de junio de 2017

Islandia


V

Una casa aquí, junto al camino;
otra ahí, en ese campo donde el musgo
cubre esponjoso la piedra negra y antigua,
y otro allí, al pie de la montaña
por donde el agua se derrama y precipita
sin pudor sobre las rocas que parirán el río.

Así nació este pueblo, o lo que sea,
como un dibujo de esos,
visible sólo tras unir con una línea
la serie de puntitos numerados.