jueves, 19 de noviembre de 2009

Madrid es un infierno


Mi vecina Felicidad, Feli, vino a verme el otro día. Estaba indignada, cabreada, más bien enfurecida. Una amiga venía a visitarla después de años sin verse y ella, anfitriona militante, había planeado un completo día de actividades en Madrid, capital del reino. Primero irían a un museo, después un tentempié, más tarde a otro museo, después un tentempié, luego comida, con gintónic en el Bristol, por la tarde paseo por el Madrid medieval y el de los Austrias, sin olvidar algún tentempié en cualquier taberna, bar o terraza, y por último, función de teatro, un último tentempié y regreso a casa. No eran planes tan extraños como para fracasar, ¿verdad? Habiendo reservado, asumiendo alguna que otra cola, previendo una zanja aquí y otra allá, el plan debía haber resultado ameno a la par que interesante. Sin embargo falló. ¿Por qué? Es sencillo. La amiga, cuyo recuerdo de Madrid pertenecía a los años ochenta y estaba formado por imágenes de una ciudad que acababa de despertar de un largo sueño, despertar ya entre obras, bien es cierto, ahora se veía revivido por esta nueva ciudad más en obras aún, obras del más difícil todavía, obras que anulan cualquier vestigio de ciudad pregallardoniana, como si todo lo anterior a él fuese caca de la vaca, como si todo fuese mejorable para el bien de unos vecinos que, ya lo saben, nunca jamás lo disfrutarán, porque nunca jamás se terminará nada. “Ya sé lo que pasa”, comentó la amiga, “el famoso lema ‘De Madrid al cielo’ ha sido reconvertido por el alcalde y su colega el obispo y significa, secretamente, ‘Madrid es un infierno’; cambia las llamas por las obras y ahí lo tienes.” Al oírlo, Feli se rió, pero luego, recorriendo con la vista y la memoria el paisaje de esa ciudad tan maltratada supo que su amiga tiene razón. Madrid es un infierno, un sucio, agobiante e incombustible infierno.

Imagen tomada del blog: El sitiado de Madrid.

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