
—¿Qué haces aquí, muchacho?
—Nada.
—Entonces, ¿por qué te quedas parado?
—Porque...
—¿Sabes leer?
—Pues sí.
—¿Cuántos años tienes?
—Nueve cumplidos.
—¿Qué preferirías: un chocolate o un libro?
—Un libro.
—¿De veras? Estupendo. ¿Así que por eso estás aquí?
—Sí.
—¿Por qué no me lo dijiste antes?
—Mi papá me regaña.
—Ajá. ¿Cómo se llama tu padre?
—Franz Metzger,
—¿Te gustaría viajar a otro país?
—Sí. A la India. Hay muchos tigres.
—¿Y adónde más?
—A la China. Hay una muralla enorme.
—¿Te gustaría escalarla?
—Es demasiado ancha y alta. Nadie puede escalarla. Por eso la construyeron.
—¡Cuánto sabes! Se ve que has leído mucho.
—Sí, leo siempre. Papá me quita los libros. Quisiera ir a una escuela china. Tienes que aprender cuarenta mil letras. Todas no caben en un libro.
—Eso es lo que tú crees.
Elías Canetti: Auto de fe.

No hay comentarios:
Publicar un comentario