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martes, 5 de mayo de 2020

Dos libros para compartir


Temporalmente, pongo a vuestra disposición, y de manera gratuita, algunos libros míos.


 El fantasma Cronópata, con grabados de Amanda Lapeña, lo recomiendo a partir de 8-9 años.


 El Libro de los presuntos, con ilustraciones de Amanda Lapeña, lo recomiendo a partir de 10 años y para adultos.


Espero que os gusten.



miércoles, 11 de marzo de 2020

La cucaracha de McEwan


La cucaracha
Ian McEwan
Edición: Anagrama, 2020
Traducción de Antonio-Prometeo Moya


Una mañana Jim Sams se despierta convertido en hombre. Es decir que ha cambiado su cuerpo de cucaracha por el de hombre, y no el de un hombre cualquiera, sino el del primer ministro británico. No es un hecho azaroso, ni aislado (hay más ocupaciones de cuerpos). Hay un motivo, Sams tiene una misión que cumplir: conseguir la implantación de un nuevo sistema económico en el país, el reversionismo.
El nuevo sistema consiste, básicamente, en pagar por trabajar y cobrar por consumir, pero sin poder ahorrar; la cuenta bancaria genera intereses negativos que obligan al ciudadano a buscar un trabajo mejor. Cuanto mejor, y en consecuencia mas costoso, sea el empleo, más deberá comprar para compensarlo.
Sobre estas premisas McEwan construye este divertimento crítico con el Brexit y paródico con la clase política que lo ha hecho posible. Es una novela corta que empieza de manera magistral, recreando el principio de La metamorfosis kafkiana, y avanza hacia la disparatada idea de esa nueva economía, que aislará al país, de forma algo menos exigente, o rigurosa, centrando la atención en el desarrollo de la idea más que en atar todos los cabos o detallar más profundamente el proceso.
Me ha gustado, la he disfrutado, porque está escrita con el impecable estilo y la fluidez del autor, me parece una propuesta divertida (imaginar a un montón de políticos ocupados y suplantados por cucarachas que combinan la doble naturaleza me ha hecho disfrutar) y con la extensión justa para mantener el interés.



viernes, 3 de mayo de 2019

Libros que me gustan



Luis Fernando de Julián: El estómago de la ballena. ASSITEJ, 2018.

Esta obra de teatro juvenil nos muestra a tres personajes, tres mujeres, tres generaciones, Abuela Carmen, madre y Lucía-hija-nieta, que se buscan y encuentran.
Madre y Lucía van a visitar a la Abuela Carmen, que vive en una playa, inaccesible para el resto de las personas, porque no hay camino que lleve a ella. La playa resulta ser una isla flotante hecha de plásticos, cantidades ingentes de plásticos que, como un Sísifo moderno, las mujeres se dedican a recoger una y otra vez. Además, la abuela espera con paciencia infinita la aparición de una ballena, o mejor, de la ballena, que tiene el estómago lleno también de plástico que es necesario sacarle, para que no muera.
La abuela cuenta la espera a la nieta. La nieta atiende a la espera con la abuela. La madre no está para esas fantasías y centra su atención en el traslado de la abuela a una residencia... Así, en una atmósfera onírica, donde se superponen la preocupación medioambiental y la duda de la memoria, donde no deja de oírse el sonido del mar y en ocasiones el canto de las ballenas, donde no sabemos con certeza lo que es imaginado y real, las tres mujeres alcanzan un momento común de encuentro.
Es una obra hermosa y poética, que juega con la postergación como herramienta para la tensión, y ofrece varios planos de lectura que nos pone en contacto con la sociedad y con nosotros mismos, con el paso del tiempo, la vejez, la quimera...
Es de agradecer, muy valioso, que haya quien escriba sobre estos temas y de esta manera, pensando en los lectores jóvenes. Gran teatro para ser leído y disfrutado.


viernes, 22 de marzo de 2019

Menores lectores



Nos acercamos a abril, el mes lector, que empieza con el Día Internacional de Libro Infantil y Juvenil, el 2, y culmina con el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, el 23. De Andersen a Cervantes y leo porque me toca... Es un buen momento para darle una vuelta, otra, al asunto.
En esta ocasión quiero citar el Informe 2018 de la Federación de Gremios de Editores de España en relación a la lectura en menores de edad. A saber. En 3 de cada 4 hogares con menores de 6 años se lee a éstos habitualmente (unas 3 horas semanales). El 85 % de los menores entre 6 y 9 años lee habitualmente libros no de texto. En menores entre los 10 y los 14 años, esta cifra es del 71 %, y entre jóvenes de 15 a 18 años, desciende al 45 %. Por otro lado, el 40 % de los padres y las madres buscan recomendaciones e información sobre libros para sus hijos pequeños en familiares, amistades o medios online.
Se me ocurren varias reflexiones.
Una es que el porcentaje lector hasta los 14 años en bastante alto y, sin entrar en la “calidad lectora”, me parece digno de mención y esperanzador.
Otra, más evidente, es el descenso lector proporcional al aumento de la edad, con un salto notable en la adolescencia, vinculado, seguramente, a la aparición de nuevos intereses, la sofisticación de otros ya existentes y el desarrollo biológico mismo; sin embargo, este descenso no debería ser preocupante, por temporal y sólo cuantitativo, si no estuviese relacionado también con la poca destreza y el débil hábito lectores.
Y la tercera reflexión tiene que ver con ese 40 % de padres y madres que no considera como primeras opciones para la búsqueda de información y referencia ni las librerías ni las bibliotecas. Me preocupa que se desaprovechen esas dos herramientas de rigor y criterio, imprescindibles para la orientación lectora en la inmensidad editorial y en la vorágine de internet. Quizá el otro 60 %, que ni siquiera busca, lo tenga más claro.


jueves, 26 de abril de 2018

Feli Abril Febril


Mi vecina Felicidad, Feli, florece en abril cada año. Entre repúblicas y revoluciones, Andersen, Shakespeare y Cervantes, se pone estupenda y aprovecha cada instante que puede para conmemorar y leer ante cualquiera que se cruce en su camino, o simplemente viva a un tiro de piedra metafórico. Abril es su mes y con él carga las pilas para casi todo el año. Hace listas de libros que luego materializa en la feria correspondiente y dosifica previsora. Selecciona frases y versos que lee en voz alta en la escalera o copia a mano, con letra de maestra antigua, para pasarlos luego por debajo de las puertas en hojas de papel decoradas y perfumadas. Abre la ventana y pone a toda pastilla Grândola, Vila Morena en el equipo de música, mientras riega con claveles la gran vía. Abandona libros selectos en diferentes lugares del barrio y espía para saber quién se los lleva. Busca lectoras con quien compartir, a quien recomendar y de quien tomar nota. Decora el salón de casa con banderas tricolor y organiza reuniones a las que sólo se puede asistir aportando algún presente republicano, una canción, una película, una historia...
La explosión primaveral de Feli expande su onda por los meses siguientes, alcanza playas, montañas y ciudades del verano, agita con temblor tranquilo las hojas del otoño y apenas es un hilo de tinta y voz en el invierno. Es entonces, en el invierno inmóvil y gélido, cuando Feli parece en sombra, apóstata de sí misma, y necesita de todas sus reservas, entre las que me encuentro, faltaría, para proyectarse un poco más allá, recorrer sin sucumbir ese páramo inhóspito, alcanzar la linde y vislumbrar los primeros brotes de la primavera en las diminutas luces del almendro. Es entonces cuando Feli parece -ya lo cantó Silvio Rodríguez- “como esperando abril” y una chispa de su propio nombre prende la mecha de un nuevo año.



sábado, 10 de febrero de 2018

Las vidas de Shimazaki


Hôzuki, la librería de Mitsuko
Aki Shimazaki
Edición: Nórdica Libros, 2017
Traducción de Íñigo Jáuregui



La autora es canadiense de origen japonés, vive en Montreal y escribe en francés. Esta novela corta es japonesa, plenamente, por un montón de motivos: por el título, por los nombres, por los espacios, por las referencias al idioma y la escritura, por la manera en que está narrada esta novela japonesa escrita por una canadiense en francés... Y porque lo digo yo, que la acabo de leer y me ha dejado una sonrisilla de lelo feliz y satisfecho difícil de borrar.
Mitsuko mantiene una librería de lance (entendida como librería dedicada a libros de segunda mano), llamada Hôzuki, en la que destaca el fondo de filosofía. Mitsuko vive con su madre y su hijo, Tarô, de siete años y sordomudo de nacimiento. La propia librera nos cuenta en primera persona y en presente su vida, la de su hijo, la de la tienda, la del ciejo gato Sócrates, la relación que establece con una clienta y la hija de ésta, con quien Tarô conecta inmediatamente. Nos va desgranando, combinando presente y pasado, dobles historias, vidas que ocultan ottas vidas, secretos. Todo ello narrado con sencillez, con calma y sin demasiadas explicaciones, con frases cortas y sin digresiones, con la misma calma y sencillez con que caen los primeros copos de la incipiente nevada.
Mitsuko lleva una doble vida que le permite salir adelante. Tarô es poseedor de una historia que desconoce. La mujer cuya hija entabla una relacion de amistad con él, también es poseedora de un pasado que ahora pretende emerger. Todas son tramas que se nos narran a través de la librera, lo cual establece una nueva red que enriquece la obra: historias, libros, escritura e idioma japonenes, personas que cuentan... Una lectura reconfortante, una pequeña joya.



jueves, 31 de agosto de 2017

Libros que me gustan




Capital
Afonso Cruz
Editorial Juventud, 2017


Al niño le regalan un cerdito-hucha. En él mete sus monedas. El cerdito lo acompaña a lo largo de su vida, se convierte en una presencia constante en todos los ámbitos, crece con él y aumenta su voracidad a la par que su tamaño, hasta el sorprendente final.
Este ábum ilustrado, sin palabras, con ilustraciones a doble página, a sangre, combinando collage con dibujo, sobre fondos de colores planos, es una feroz crítica al sistema económico que le da título y consigue, con la metáfora del cerdo-hucha y su evolución a lo largo de las páginas como hilo conductor y auténtico protagonista, emocionarnos y sorprendernos, combinando magistralmente la aparente frialdad de las ilustraciones con las terribles asociaciones que hacemos gracias a una selección de elementos y escenas realmente eficaces. 
Es admirable ver cómo Afonso Cruz es capaz de contarnos sin palabras la voracidad del dinero, que no se detiene ante nada ni nadie, no tiene dueño y nadie puede finalmente ponerle freno... Hasta el final. El final, hiperbólico y sorprendente, remata perfectamente la historia y contribuye a hacer de este álbum una obra absolutamente recomendable.
Lo malo es dónde ubicarlo en la biblioteca, porque es infantil, sí, pero es impensable que un adulto pueda perdérselo.




Para ver la ficha de la editorial, con enlace al blog del autor, puedes pinchar aquí.





lunes, 30 de enero de 2017

Las personas de Johnson


Hijo de Jesús
Denis Johnson
Edición: Mondadori, 2013
Traducción: Rodrigo Fresán



Es el segundo libro que leo de este autor. El anterior fue la novela corta Sueños de trenes, no reseñada aquí, que me dejó completamente deslumbrado. En esta ocasión son cuentos, un registro más, y la sensación es parecida.
Los relatos de este libro bien podrían ser los capítulos sueltos de una novela (de hecho, al principio se mencionan tres personajes qua aparecerán más adelante). Comparten espacios y personajes, estilo y referencias, de un universo común, definido por los márgenes sociales, las drogas, la violencia, la pobreza, personas que se buscan la vida, que trabajan en lo que pueden, van a desintoxicación, beben y se drogan, besan y merodean... Me llama la atención, y me gusta, que la sociedad retratada en estos relatos sea esa, quiero decir que no sea esa contrastada con la otra, la acomodada, la estable, la de las personas con nómina a fin de mes, familias perfectamente estructuradas, hipoteca y compromisos. La sociedad que vemos en Hijo de Jesús es la invisible, la pobre y sórdida, plenamente. Los individuos que habitan en estas páginas, como las peripecias que ocurren, son así por ellos mismos, no en comparación con otros y otras circunstancias. Parece querer decirnos que existen mundos así, completamente así, con su tristeza y su cotidianidad propias.
Los relatos están narrados en primera persona, con una limpieza y a la vez una complejidad pasmosas, reproduciendo diferentes registros en unos diálogos extraños y sórdidos, como el ambiente, pero sin regodeos, con la sensación de que deben ser así, “porque la vida es así”.
Definitivamente, me gusta Denis Johnson y os lo recomiendo, no os lo perdáis.



miércoles, 4 de enero de 2017

La infancia de Nothomb


El sabotaje amoroso
Amélie Nothomb
Edición: Anagrama, 2016
Traducción de Sergi Pàmies


La vida propia como materia literaria. Cualquier asunto como materia literaria.
Amélie Nothomb recrea en esta novela parte de los tres años (de los cinco a los ocho) que vivió en Pekin, en el barrio de San Li Tun, donde se ubicaba el gueto de los diplomáticos. La época es a principios de los 70. Los dos pilares sobre los que se sustenta la obra: la guerra y el amor, ambos unidos por el pegamento de la infancia.
Los niños del gueto reproducen el mundo de los adultos a su manera. Se organizan en dos bandos y se declaran la guerra, una guerra que consiste en peleas, secuestros y torturas al margen de los adultos. La justificación es tan simple como tremenda: necesitan enemigos para sobrellevar una vida rodeada de fealdad y aislamiento, la fealdad de China y el aislamiento de las familias de diplomáticos.
En ese contexto aparece Elena, una niña italiana que deslumbra y enamora a la protagonista, la pequeña Amélie. Elena encarna muchos de los estándares amorosos que descubrimos en grandes obras literarias (la altivez, el desdén, la crueldad, el juego...), que son sufridos por la narradora y reflexionados muchos años después.
Los temas de la guerra y el amor son llevados al terreno de la infancia, contrastando la poca edad de los actores con la complejidad de los asuntos en cuestión. El lenguaje bélico de la narradora invade toda la novela (y contamina los dos temas principales) y junto a la profundidad de las reflexiones, en contraste con la edad de los protagonistas, causa una extrañeza que atrapa al lector (al menos a este lector). Por ejemplo, las estrategias militares, las técnicas de interrogatorio o el plan para ganarse el amor de Elena, no tienen desperdicio.
Una última apreciación. Durante la lectura de esta novela se tiene la duda constante de no saber dónde acaba la percepción de la niña de siete años que vive lo narrado y dónde empieza la reflexión adulta que nos lo cuenta después. O quizá, más que duda sea confusión de dos puntos de vista, el adulto analítico y el infantil precoz; y fruto de esa confusión percibimos, o bien algo de inverosimilitud en la historia, o bien que la infancia y la edad adulta conforman indisolubles la persona que somos.    



martes, 20 de diciembre de 2016

El Oeste de Johnson


Sueños de trenes
Denis Johnson
Edición: Literatura Random House, 2015
Traducción: Javier Calvo



A principios del siglo XX, el Oeste americano está en pleno proceso de transformación. El ferrocarril irrumpe en el paisaje de forma impactante y a su alrededor se agitan personas, bosques y poblados que, directa o indirectamente, lo acompañan en su avance y su influenia. Robert Grainier es uno de esos hombres. Es un tipo normal y corriente, trabajador, apocado, con todas las papeletas en su bolsillo para no pasar a la historia por nada relevante, ni siquiera para tener una vida interesante más allá del contexto en que le ha tocado vivir. Ya desde el principio entrevemos el tipo de persona que es cuando el narrador nos revela que "le pasaba a menudo que su mujer pensaba más deprisa que él". Y a mí, como lector, se de disparan las alarmas: "esto me va a gustar". Y página a página voy conociendo mejor a Robert Grainier y, efectivamente, lo incorporo a mi galería de personajes relevantes en mi memoria lectora.
Está casado con Gladys, de salud delicada, y es padre de una niña, Kate, de apenas cuatro meses de vida. En seguida, la tragedia invade su vida y la de la comunidad donde viven. Un incendio devasta el valle. Ni bosques, ni río, ni ferrocarril se libra del poder nefasto del fuego. Grainier se queda solo, pero sigue adelante, rabajador incansable, y pasa de jornalero en el tren a leñador y a transportista. Con un par caballos y un carro lleva y trae mercancías y pasajeros. Reorganiza su vida, reconstruye la cabaña en el mismo lugar donde estuvo la primera, calcinada, y va cumpliendo años de forma tan modesta y simple como su persona.
Me ha deslumbrado esta novela corta. Me ha entusiasmado el estilo preciso, visual y aparentemente sencillo del autor (sin tener nada que ver, me ha recordado al Jesús Carrasco de Intemperie). Me ha impresionado la relación que se establece entre civilización en plena explosión y naturaleza inprevisible e incontrolable. Me ha emocionado el papel del hombre (del ser humano en general y del protagonista en particular), en medio, mostrando también una doble vertiente, la social, con la implicación en la materialización del desarrollo y la convivencia, y la personal, en la que debe enfrentarse a sí mismo y buscar su ubicación en ese espacio natural que le trasciende y supera. Y me ha dejado completamente rendido la manera elegida para rematar a historia.

Una joya que os recomiendo, descubierta gracias a Luis Rodríguez, quien me la recomendó a su vez a raíz de la reseña que hice de su también gran novela corta Novienvre (y que podéis leer pinchando aquí).



jueves, 1 de diciembre de 2016

Con voluntad


Leí muchos libros, descifré lo que guardaban y se afirmaron en mi corazón los escritos de los filósofos, pues aprendí las palabras de los sabios y conocí sus debates, y comparé todo ello con lo que yo iba conociendo, y supe que estaban de acuerdo en muchas cosas: en la ordenación del tiempo en años, meses y días; en la naturaleza de los cuerpos; en lo referente a las enfermedades y en lo que toca a las medicinas apropiadas para la salud. Y si lo escribían, me esforzaba por conocerlo, de modo que comencé a estudiar sus libros y fui entendiendo su contenido: las condiciones físicas, los asuntos de las dolencias y las formas de medicar. Y aprendí tanto sobre ello que empecé a tratar enfermos. Y ya convertido en médico, me pregunté cuál de las cuatro finalidades debía buscar en la vida: si disfrutar de placeres, o ser famoso, o adquirir riquezas, o salvar mi alma. Pues, con voluntad, se puede conseguir cualquiera de las cuatro.


[Calila y Dimna (Págunas de Espuma, 2016). Edición de José María Merino]





martes, 29 de noviembre de 2016

Peonza 118



La revista Peonza, en su número 118, se ocupa del apasionante momento que estamos atravesando entre las dos orillas de la lectura -y sus derivados-: la lectura en soporte impreso y la lectura en formato digital.

Empieza con un artículo de Daniel Escandell, quien reflexiona sobre lo transmedia, las comunidades de fans y las conclusiones a que llega a partir de una entrevista hecha a un grupo de jóvenes que escriben en la red. 
Contiene una entrevista al sociólogo César Rendueles alrededor de internet, el uso de la tecnología digital, los cambios en el modo de leer, la relación de la tecnología con la enseñanza y sus profesionales...
También hay una entrevista con el ilustrador Fernando Vicente, cuyas imágenes recorren este número de la revista, y, cómo no, el lógico espacio reservado al centenario de Roald Dahl.
Destaco, como siempre, un fragmento que me ha gustado especialmente. Es parte de la conclusión del artículo de Daniel Escandel:
Estos adolescentes no son ajenos a las aplicaciones, a los videolibros ni a ninguna de las tendencias del mercado literario actual ni de cómo se desdibuja la frontera con otras formas de entretenimiento. Parece que quieren delimitar qué hacer en cada momento: si quieren leer, prefieren leer en formato tradicional;  si quieren jugar con un videojuego, quieren que este responda a los cánones de su propia industria
Hay más cosas sobre papel, pantallas, lectura, libros..., pero mejor os acercáis a la revista y os engañáis por vuestros ojos y vuestras hojas. 










lunes, 21 de noviembre de 2016

Los refugiados de Claudel


La nieta del señor Linh
Philippe Claudel
Edición: Salamandra, 2006
Traducción de José Antonio Soriano



Un anciano en la popa de un barco. En los brazos sostiene una maleta ligera y a una criatura, todavía más ligera. El anciano se llama Linh. Es el único que lo sabe, porque el resto de las personas que lo sabían están muertas.

En el primer párrafo de esta novela corta apreciamos ya gran parte de sus componentes. Es una historia de refugiados, de guerra, de muerte y de soledad. Está contada con frases cortas, en tiempo presente, por un narrador en tercera persona con un grado contenido de omnisciencia centrada en el protagonista, algo que al final tiene su explicación y su justificación narrativa.
El señor Linh llega a otro país, donde es alojado temporalmente en un centro de refugiados. Está solo, no conoce a nadie, ni habla el idioma, e incluso los demás refugiados lo tratan fríamente y con cierto desdén. Toda su atención se concentra en el cuidado de la criatura que tiene a su cargo, su nieta Sang Diu. Gracias a los paseos que da por los alrededores, conoce al señor Bark, un hombre robusto y afable, con quien entabla una hermosa relación de amistad. A pesar de no entenderse con palabras, se compenetran, se reconfortan y se convierten, mutuamente, en una presencia indispensable que enriquece sus solitarias vidas. Pero al señor Linh lo trasladan un día y esa segunda migración, esa repetición del aislamiento y la incomprensión se le hace insoportable, por lo que decide escapar.
La historia que nos ofrece Claudel es dura, terrible, y su manera de desarrollarla, con ternura y concentrada en el señor Linh y algunos retazos significativos de su vida, no le quita peso, a contrario, comprobamos que las historias más terribles lo son sobre todo por las personas a quienes afectan, lo son cuando "descienden" al nivel de lo humano. Y en este caso, además, el autor juega con una sorpresa final que nos deja deslumbrados y da sentido a detalles y pequeñas extrañezas que han ido salpicando la narración desde el principio.

De Philippe Claudel me sorprendió y gustó mucho Almas grises, y ahora me ha vuelto a sorprender y a gustar con esta historia. Ambas novelas comparten un estilo lleno de sensibilidad, amante de la economía de personajes y recursos, capaz de crear ambientes y personalidades con unas pocas pinceladas, de lograr emocionar sin caer en el regodeo y la evidencia de lo explícito.
Y me gusta sobre todo haber llegado a esta novela a través de mi hija, a quien se la recomendó un compañero de facultad. 



lunes, 14 de noviembre de 2016

Libros que me gustan


La princesa del sol
David Grossman
Ilustraciones de Michal Rovner
Traducción de Rosa Méndez
Edición: Sexto Piso, 2016


A Lucía le sorprende saber que su madre será la reina del sol mañana, pero sus dudas se disipan cuando sabe que ella será la princesa. Madrugan y, aún de noche, van a despertar al sol, esa es su misión secreta. Lo invocan, cantan y danzan, hasta que el sol nace ese día e ilumina la vida de las personas. Y por la noche, rubricando su poderosa misión, madre e hija lo acompañan por el otro lado en su reatirada tras el mar.
Una historia poética, tierna, emocionante, optimista. La complicidad de la madre y la hija, el juego, la magia, en un álbum muy cuidado, con las ilustraciones a lápiz de colores, minimalistas, diminutas, de aire infantil, que transmiten una expresividad inversamente proporcional.
De una sensibilidad admirable, este álbum me ha causado una emoción imprevista. Me ha recordado lo hermoso que es inventar los mayores "disparates" para compartirlos con los hijos, la satisfacción que como padre he conseguido alguna vez, cuando, jugando con mis hijos, se ha fomado esa burbuja de fantasía, completamente real, mágica, absoluta, dentro de la cual hemos vivido intensamente, aislados de las tristes limitaciones de la realidad.
Un álbum para leer con los pequeños, pero también para practicar de vez en cuando.

  



martes, 27 de septiembre de 2016

El lenguaje de Menéndez Salmón



El corrector
Ricardo Menéndez Salmón
Booket, 2010


Los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid sirven a Vladimir, escritor voluntariamente retirado y corrector en activo, para reflexionar sobre su vida y su obra, por un lado, y sobre el uso infame que el poder hace de los medios y del lenguaje, por otro. La estupefacción ante la violencia se combina con el dolor y la cotidianidad, y fruto de esa mezcla es esta novela corta que sirve para que Vladimir recupere su condición de escritor y la reúna con la de su actual oficio para afrontar algo que no es posible corregir: la realidad en su versión más cruda y la mentira más infame.
Mediante su capacidad analítica y crítica, y en alternancia con sus cuestiones personales y editoriales,  Vladimir va desgranando la jornada terrible y repasando las apariciones en los medios de los políticos de turno, las diferentes teorías que se van exponiendo, la malintencionada manipulación de la palabra que aplican quienes detentan el poder.
El repaso que hace del uso del lenguaje por parte del poder y su relación con los artistas y el arte, centrándose en algunos casos concretos (Platón, Virgilio, Constantino el Grande, George W. Bush, Juan José Ibarretxe, Arnaldo Otegi -el capítulo VIII es rotundo-, Aznar, Acebes...) no tiene desperdicio y con breves pinceladas nos ofrece un panorama bastante interesante, a la ver que preocupante.

Una de las muchas perlas que nos deja Vladimir/Ricardo en esta novela corta:
El escritor es la persona que analiza "esa mierda" [en referencia a una frase de Bush padre aludiendo a los conflictos en oriente próximo] abstracta que el político derrama sobre los mapas. Y en esa meticulosa y no siempre placentera lección de escatología, en ese arduo proceso para desentrañar los detalles que hacen que "esa mierda" sea lo que es, y no otra cosa, es donde el escritor encuentra su mayor premio: la dignidad.


viernes, 2 de septiembre de 2016

La biografía de Luis Rodríguez


Novienvre
Luis Rodríguez
Tropo Editores, 2016


Estás pasando unos días de vacaciones en una ciudad cualquiera (bueno cualquiera no, mejor que sea una ciudad agradable, bien situada, con alrededores atractivos, como los valles pirenaicos, por ejemplo) y coincides con una feria del libro local, sorprendentemente bien nutrida de casetas, editoriales, librerías. Paseas por ella y te detienes ante el mostrador de una pequeña editorial cuyos libros te llaman la atención, por la buena pinta que tienen, por las cubiertas tan bien ilustradas. Ojeas alguno, el editor te explica, intercambiáis comentarios, te llevas un libro y te regala otro.
Semanas después lees el libro comprado, una novela corta, género que tanto te gusta, dejando el prólogo de Ricardo Menéndez Salmón para el final. Te gusta la historia de Luis Rodríguez (autor, narrador y protagonista comparten nombre), desde la infancia en el norte peninsular, con las referencias precisas y gráficas a la vida en un pueblo, hasta la edad adulta, con la personalidad conformada y las responsabilidades al acecho. Te gusta esta historia de crecimiento personal, de antihéroe poco atractivo y -casi- nada ejemplar, de referencias a una sociedad algo gris y triste.
Te gusta el estilo, las frases cortas y contundentes, las referencias humanas, los capítulos cortos, las rupturas de la linealidad, los vacíos, los personajes, el final... Te gusta la edición, cuidada, pulcra, bien hecha, y el objeto libro, el tamaño, el papel. Te gusta Luis Rodríguez y te gusta Tropo Editores.
Te gusta comprobar, de nuevo, que el tamaño de una editorial no tiene nada que ver (y no debería tenerlo) ni con la calidad de su catálogo ni con la de sus criaturas.



martes, 30 de agosto de 2016

La vida de Carlos Álvarez


Los sueños, el amor, las intenciones
(Obra poética completa)
Carlos Álvarez
Edición de José Luis Esparcia
Adeshoras, 2016



Debería ser uno de los acontecimientos editoriales del año, pero es muy posible que la edición de las poesías completas de Carlos Álvarez pase desapercibida. Los motivos serán dos, casi tres: uno, que nunca ha sido un autor presente en el candelero; dos, que el trabajo lo ha hecho una pequeña editorial, y casi tres, que hablamos de poesía y ya sabemos lo que pasa con eso en los medios de comunicación, que o se remedian los dos primeros motivos o no hay nada que hacer.
Pero no importa demasiado si al final hay alguien que esté dispuesto a jugarse los cuartos para desarrollar el trabajo que quiere y cree que debe desarrollar. Así, los lectores de poesía estamos de enhorabuena gracias a Susana Noeda, la responsable de la editorial Adeshoras, que ha hecho un trabajo de calidad, cuidado y serio, y a José Luis Esparcia, responsable del trabajo, inmenso, de recopilación y edición literaria. Ambos, junto con el autor, han sido capaces de reunir en estos dos volúmenes los poemas de Carlos Álvarez publicados en libros desde 1964 hasta 1993, fecha en la que decide dejar de escribir. Son, pues, poemas de un ciclo cerrado, de una trayectoria vital de treinta años, imprescindibles para conocer y sentir una etapa de nuestra historia y nuestra sociedad. Son también, como su autor, poemas viajeros y rebeldes, crecidos al margen del poder y los poderes, testimoniales además de políticos y comprometidos, incluso juguetones a veces.
El título ya recoge los tres pilares sobre los que se asienta la poesía de Carlos Álvarez. Los sueños de una vida en común, solidaria y respetuosa, sin tiranías ni abusos; el amor, la vertiente íntima y más personal, y las intenciones, el grito y la denuncia, el compromiso y la lucha. Y en el interior, el lenguaje sencillo y “normal” acerca la poesía a la calle, a la casa, a la persona, pero transmitiendo sensaciones nada sencillas, porque afectan a ideas, circunstancias, hechos y personas que nos recuerdan que somos seres sociales a la vez que individuales y estamos obligados a ver, oír, hablar, pensar... nuestra situación en el tiempo y el espacio.

Doy las gracias a los responsables por la iniciativa y pido a los lectores correr la voz, porque publicaciones como ésta son tan raras como valiosas y no deben pasar desapercibidas.

Y acabo con un poema dedicado a Blas de Otero, del libro antológico Como la espuma lucha con la roca (1977), que incluye poemas no aprobados por la censura en libros anteriores. Es un poema que, a mi juicio, resume la actitud del poeta -y quizá también del lector- frente a la poesía y la vida:

Un poema sin sangre
no es posible
cuando en la tierra hay sangre.

Canción sin barro
no la canta
pueblo color de barro.

Palabra sin semilla
no la dice
quien con el pueblo siembra la esperanza.



jueves, 25 de agosto de 2016

Libros que me gustan: 2 abecedarios


PanAbcdario
Ana Rosetti
Ilustraciones: Carlos Pan
Edición: Torremozas, 2014

Cada letra es excusa-motivo para desarrollar una historia, plasmar un instante, expresar una sensación, que las ilustraciones convierten en poema visual con letra y hombrecillo actuando sobre ella.


J

Jirones caídos
de palabras viejas
que ya nadie usa
y nadie recuerda.
Alguien va buscando
entre lo que queda,
pedazos aún vivos
para hacer poemas.



Poemas alfabéticos para días ñuviosos
Nuria Gómez de la Cal
Ilustraciones: Guiomar Pellejer Zaera
Edición: Torremozas, 2015

Cada poema está compuesto por palabras que empiezan por la letra en cuestión. Las ilustraciones son composiciones gráficas que integran la letra en un poema visual sugerente y creativo.


Herida

Herida de habitar tu helada hombría,
harta de honestidades de hojalata,
husmeo entre los halagos herrumbrosos
y no hallo un hombro hermano hospitalario
donde hacinar mis hambrientos huesos.
El horror que te honra me humedece,
y me hace hoja harapienta entre la hierba,
mientras las hadas hunden, homicidas,
sus hachas de hormigón en mis heridas.





domingo, 21 de agosto de 2016

Vivir, leer


Porque el olor del libro es la quintaesencia de todos los olores, la geografía del héroe, el tópico de la quietud y los bosques nemorosos. Todo libro es pasaje. Cuando abro un volumen y aspiro sus páginas, ya no estoy allí. Mucha gente no puede entender que Tucídides huela a aurora de islas griegas, pero es así. (Nunca he estado en Grecia, pero mi convicción es irrefutable precisamente porque es irracional). Se puede vivir sin leer, es cierto; pero también se puede vivir sin amar: el argumento hace aguas como una balsa capitaneada por ratas. Sólo quien ha estado enamorado sabe lo que el amor regala y quita; sólo quien ha leído sabe si la vida merece la pena de ser vivida sin la conciencia de aquellos hombres y mujeres que nos han escrito mil veces antes de que naciéramos. Y que nadie se sonría ante estas líneas. Por una vez, y sin que sirva de precedente, han sido escritas sólo desde la emoción.


Ricardo Menéndez Salmón: El corrector (Booket, 2010)