
A ver si lo entiendo. El PP madrileño preside la comisión que se encargará de investigar al PP madrileño, que ha espiado al PP madrileño. ¿Qué saldrá de ahí? No me digan que no es para echarse a temblar. Me vienen a la cabeza dos ideas, una mala y otra… peor. La mala es que parece un asunto de niños practicado por adultos imitando a los niños, cosa que sugiere montones de ideas perversas que no debo explicar aquí; me limitaré al recordar aquella canción que les enseñaron a mis hijos en la escuela infantil y que empezaba diciendo un nombre, por ejemplo Paco, y todos cantaban: “Paco se hizo pis en el saco de dormir”; se establecía entonces un rápido diálogo entre el aludido y el coro que terminaba con otro nombre y un nuevo principio; algo así: “¿Quién, yo?”, “Sí, tú”, “Yo no fui”, “Entonces quién”, “Pues… Espe”, “Espe se hizo pis en el saco de dormir…” Y así hasta el infinito, o hasta el aburrimiento. Me imagino a comisionados, espiados y “espiantes” jugando a ese juego bajo la mirada atónita y gallega de Rajoy, y me estremezco.
La idea peor es que esa trama parece pecata minuta al lado de los escándalos de corrupción que están surgiendo, y me temo que surgirán, por la derecha y por la izquierda, por arriba y por abajo… Se ratifica así, una vez más, la distancia abismal que separa la alta política y a quienes la ejercen de los ciudadanos de quienes emana aquélla y a quienes deben un respeto ésos. Es una de las ocasiones en que me planteo si en verdad nos merecemos a estos individuos, si no hay nadie mejor, si realmente el sistema democrático actual es el mejor de los sistemas, si no sería preferible, o menos malo, un sistema de profesionales con su carrera y su tesis y su oposición y su máster y su yo qué sé qué más, que los cualificase para gestionar los recursos de un país-comunidad-municipio como si les fuese la vida en ello (y no puedo evitar acordarme del cuento de Italo Calvino titulado La decapitación de los jefes, donde, cada cierto tiempo, se decapita a los dirigentes, sin remisión, a pesar de lo cual siempre hay nuevos candidatos, tan fuerte es la atracción del poder); un sistema de profesionales, en fin, que trabajasen como deben, en lugar de tomar el pelo al respetable, ese respetable cuya actividad política se limita a votar y rebotarse cada cierto tiempo.
Imagen de Ibáñez
La idea peor es que esa trama parece pecata minuta al lado de los escándalos de corrupción que están surgiendo, y me temo que surgirán, por la derecha y por la izquierda, por arriba y por abajo… Se ratifica así, una vez más, la distancia abismal que separa la alta política y a quienes la ejercen de los ciudadanos de quienes emana aquélla y a quienes deben un respeto ésos. Es una de las ocasiones en que me planteo si en verdad nos merecemos a estos individuos, si no hay nadie mejor, si realmente el sistema democrático actual es el mejor de los sistemas, si no sería preferible, o menos malo, un sistema de profesionales con su carrera y su tesis y su oposición y su máster y su yo qué sé qué más, que los cualificase para gestionar los recursos de un país-comunidad-municipio como si les fuese la vida en ello (y no puedo evitar acordarme del cuento de Italo Calvino titulado La decapitación de los jefes, donde, cada cierto tiempo, se decapita a los dirigentes, sin remisión, a pesar de lo cual siempre hay nuevos candidatos, tan fuerte es la atracción del poder); un sistema de profesionales, en fin, que trabajasen como deben, en lugar de tomar el pelo al respetable, ese respetable cuya actividad política se limita a votar y rebotarse cada cierto tiempo.
Imagen de Ibáñez
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