I
Extraños troncos y extrañas ramas
los de estos árboles giróvagos;
extraña perversión temporal
la suya,
que muta la caída de las hojas
por el alzado de las viviendas.
“Y deberá de ser así”,
opina el viejo,
“las aves siguen anidando,
y no suelen equivocarse”.
II
Todos apuntan al este
sus ramas rectilíneas.
¿Esperan quizá el amanecer de un nuevo día
para llenarlo de simbolismo
y construir un nuevo mundo?
Me gustaría pensarlo junto a ti,
ambos más jóvenes e ilusos,
imaginando nuestra nueva casa
donde sólo hay aire todavía.
III
Y el pino oblicuo, torcido,
por efecto de los vientos,
no sabe si son gigantes
o unos parientes lejanos
de mente cuadriculada.
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