La vieja cuestión de nuevo aflora.
Es invierno también tras los cristales
y la muerte transitoria nos seduce...
un año más.
Otra vez el invierno, su noche,
nos devuelve a las cavernas
de los pensamientos tristes
y de las ausencias.
Otra vez lloraremos
en los abrazos oscuros
y en las oscuras caricias.
Y la luz y el calor deberán esperar
para ser inventados
desde nuestros corazones yertos.
Otra vez dormiremos tan profundamente
que el deseo de la vida exterior
parecerá más real que estas paredes
donde un hombre esquemático
acosa al mamut condescendiente.
Y habrá que despertar
tarde o temprano...
Y habrá que renacer poquito a poco
y volver a fingir que somos dioses
que abandonan el templo por un rato
para cerrar el círculo
y aprovisionarse.
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